Millie Bobby Brown creció ante los ojos del mundo y se convirtió en una de las figuras más influyentes de su generación. Desde su debut como Eleven en Stranger Things, la actriz acumuló reconocimientos, protagonizó franquicias como Godzilla y Enola Holmes, fundó su marca de belleza y se convirtió en embajadora de UNICEF. Ahora se prepara para despedirse del papel que marcó su carrera: la última temporada de Stranger Things llegará en tres partes a Netflix entre noviembre y diciembre de 2025, cerrando una era televisiva. Millie reflexiona sobre el final de Eleven, su evolución personal y el impacto que ha tenido la serie en su vida.
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¿Cómo te transformó personalmente crecer dentro de Stranger Things hasta hoy?
Ahora soy mamá y estoy casada, así que he cambiado mucho. Empecé en el show a los diez años; para mí fue como ir a la escuela. Aprendí a ser profesional: encontrar mi marca, entender la luz, comunicarme con un director, recibir indicaciones. Me gradué en ese set. También aprendí a ser amiga: estás en un elenco donde cuarenta personas son personajes principales, y eso te enseña a trabajar en equipo. Maduras porque estás bajo la mirada pública y quieres tomar buenas decisiones, especialmente porque mucha gente joven te observa. Todos fuimos conscientes de eso. El show ha sido mi ancla, pero también me enseñó que está bien tener otras anclas: tu vida personal y tu vida privada. Ha sido una experiencia profundamente significativa y transformadora desde que era niña.
La relación entre Hopper y Eleven es una de las favoritas del público. ¿Cómo ha evolucionado ese vínculo para ti?
Cuando conocí a David en la primera temporada, jamás imaginé que terminaría siendo mi papá en pantalla. Es una combinación inesperada, pero este show une personajes que nunca imaginabas juntos. En la segunda temporada empezamos a construir esa relación padre-hija sin darnos cuenta, y esa base nos permitió conectar profundamente. En la quinta, regresar a ese vínculo fue natural: Eleven puede responderle con fuerza y él lo hace igual. No es común ver una relación tan imperfecta y a la vez tan intensa. Cuando la gente habla de Eleven, casi siempre menciona lo mucho que aman la dinámica entre Hopper y ella.
Siendo esta tu despedida de Eleven, ¿cómo cambió tu enfoque al interpretarla?
Siempre he sido directa y valiente, y como actriz suelo trabajar desde el instinto. Pero esta temporada pensé mucho más cada decisión porque es la última. Cuestionas todo lo que has construido con tu personaje. En la cuarta temporada quise enfocarme en la humanidad de Eleven; esta vez sabía que era mi última oportunidad de interpretarla como superheroína. Y ser una superheroína exige valentía: tienes que dejar tu humildad afuera, aunque a veces te veas ridícula fingiendo que vuelas. Aun así, este set siempre me hizo sentir bienvenida. Es un espacio donde puedes probar cosas nuevas y ver qué funciona.
¿Qué hace tan especial la dinámica del elenco y por qué crees que la audiencia conecta tanto con ustedes?
Todos somos inadaptados a nuestra manera. Si conoces a cualquiera del elenco, verás lo peculiares que somos. Eso habla bien del grupo, pero también de nosotros como individuos. Esa mezcla es parte del ADN del show: personajes imperfectos con los que la audiencia conecta porque encuentran en ellos un poco de Robin, de Eleven, de Hopper o de Joyce. En el set nadie pretende ser perfecto, y esa vulnerabilidad compartida nos permite ser completamente nosotros mismos.
¿Cómo describirías los sets de esta temporada final y cómo influyen en tu trabajo como actriz?
No puedo hablar mucho de los sets porque sería revelar demasiado, pero gran parte del show ha sido sorprendentemente práctico, incluso Vecna. Este año los sets están en un nivel impresionante; hay uno en particular que me dejó en shock de lo increíble que es. Ese es el privilegio de trabajar como actor aquí: no tienes que imaginar todo, puedes moverte dentro de un espacio real, y eso hace que el trabajo fluya de otra manera. En otros proyectos siempre pienso: “En Stranger Things sí trabajo dentro de un mundo real”. Es un privilegio enorme.
Estreno 26 de noviembre en Netflix
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