La guerra de los reinos es una de las apuestas más ambiciosas del cierre de año: una superproducción europea que reinterpreta la leyenda de los Nibelungos con batallas épicas, intrigas políticas y un poderoso conflicto emocional. Ambientada en la Europa del siglo V, la serie explora el choque entre honor, deseo y lealtad dentro del reino de Borgoña, trastocado por la llegada del legendario cazador de dragones Siegfried.
Dirigida por Cyrill Boss y Philipp Stennert, la serie estrena un episodio nuevo cada domingo en Universal+. Time Out México conversó con Jannis Niewöhner, protagonista de la historia, sobre la construcción de este héroe mítico, su humanidad y los retos físicos y emocionales del personaje.
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Interpretas a un héroe que provoca miedo y también adoración. ¿Te cambió la manera en que ves el poder?
Sí. El poder siempre es delicado, y lo malo es que deja de ser interesante cuando nadie lo usa. El poder revela a quienes no pueden evitar sentirse por encima de los demás, y eso es peligroso. Esta historia me hizo replantear lo que significa. En un reino o en nuestra sociedad, lo importante es compartir el poder, usarlo para proteger a la comunidad. Esa sería la mejor respuesta.
Siegfried forma parte de la mitología, es una leyenda. ¿Qué parte de ti buscó la humanidad del personaje? Porque no nos das un dios, sino a alguien real. ¿Cómo lo encontraste?
No queríamos mostrar a una figura divina, sino a un hombre real. Al inicio incluso cae mal porque es autodestructivo, grosero, arrogante… y a la vez es suave, cálido, un alma perdida. Como dice Kriemhild, es alguien que anhela conexión, amistad y amor. Me gusta que no sea fácil de querer al principio, pero cuando entiendes su historia, todo encaja. Me recuerda a personas que al inicio parecen insoportables y luego entiendes sus heridas. Eso queríamos mostrar con Siegfried.
Para ti como actor, ¿qué tan disfrutable fue construir un personaje con tantas capas?
Tuvimos cinco semanas de preparación: peleas, equitación, muchas conversaciones. Repetíamos escenas y explorábamos todo. Queríamos que fuera ilimitado, que nunca pudieras decir “es de tal manera”. Tiene muchas caras y queríamos que siempre sorprendiera. Ese es su peligro… y su potencial.
Físicamente, ¿cómo te preparaste?
Subí unos 15 kilos. Hice mucha fuerza y comí comida chatarra. No quería que se viera como un héroe perfecto, sino como alguien real, alguien que bebe, come lo que sea y vive intensamente. Las peleas también ayudaron a entrar en su cuerpo.
En tu carrera, ¿qué parte de tu oficio ya no reconoces y qué sigue igual desde que comenzaste?
Con cada personaje aprendo que todos somos más interesantes cuando somos contradictorios. La gente no tiene sentido, y eso es maravilloso. Los personajes necesitan misterio. También aprendí que ocho meses filmando en Praga, en el bosque, peleando… es agotador. Pero vale la pena.
Hablemos del vestuario. ¿Qué sentiste la primera vez que te pusiste el de Siegfried?
Queríamos algo icónico pero moderno. Mientras los burgundios se quedaron en su mundo, Siegfried ha estado en todas partes. Por eso su chaqueta tiene un toque tipo Marlon Brando. Encontrar ese elemento moderno fue genial.
Cada producción tiene un “recuerdo secreto”. ¿Tienes uno?
Sí. En la escena donde Siegfried cabalga para matar a alguien y saca la espada… en el close-up no estoy montando un caballo. Estoy sentado en una estructura, haciendo como si lo estuviera. Es humillante ponerte tan serio así, pero hay que comprometerse. Solo lo sabíamos el equipo… y ahora tú.
Última pregunta: esta mitología es muy nórdica y alemana. ¿Por qué conectará con Latinoamérica?
Porque habla de la gente y de la sociedad. No importa si es Alemania o México: habla de cómo convivimos, cómo nos abrimos a los demás. En la historia temen a Siegfried, pero Kriemhild ve su potencial. Hoy necesitamos eso: abrirnos a quienes parecen distintos o intimidantes. Y claro… todos disfrutamos ver una buena pelea.
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