Entrevista Julián Hernández
Cortesía | Película Los demonios del amanecer
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Julián Hernández: “Aquella utopía sobre el amor gay en el cine hoy ya es una realidad”

El director Julián Hernández habla con Time Out México sobre 'Los demonios del amanecer', el deseo, la intimidad y la evolución del cine LGBTQ+

Stivi de Tivi
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Durante más de dos décadas, Julián Hernández ha construido una de las filmografías más personales e importantes del cine mexicano. Con películas como Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor, El cielo divididoy Rabioso sol, rabioso cielo, convirtió las historias de amor entre hombres en relatos profundamente humanos, alejados del estereotipo y reconocidos en festivales como el de Berlín.

Ahora regresa a la cartelera con Los demonios del amanecer, un drama romántico que sigue a Orlando, un joven bailarín, y a Marco, un estudiante de enfermería, quienes intentan sostener una relación mientras cargan con los fantasmas de su pasado y enfrentan una realidad que constantemente pone a prueba su amor.

Time Out México conversó con uno de los directores más influyentes del cine nacional sobre el paso del tiempo, la libertad para seguir filmando y los nuevos demonios que hoy persiguen tanto a sus personajes como a los propios cineastas.

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Sentí que Los demonios del amanecer conversa con El cielo dividido, pero desde un México completamente distinto, veinte años después. ¿Qué descubriste sobre el amor que aquel Julián todavía no podía entender?

Julián Hernández: No sé si descubrí algo distinto sobre el amor; en realidad, sigo buscando las mismas respuestas que entonces. Lo que cambió profundamente fue el contexto. Recuerdo mucho una conversación con Carlos Bonfil cuando vio El cielo dividido. Me dijo: "¿Cómo se te ocurre hacer una película así con toda la homofobia que existe en la UNAM?". Yo le respondí que justamente quería proponer una realidad distinta, una especie de utopía para que los espectadores imaginaran que era posible.

Veinte años después me doy cuenta de que aquello que parecía una utopía hoy es una realidad, e incluso hemos ido más allá. Hay avances sociales enormes y también ha cambiado la manera de hacer cine. Los personajes siguen enfrentando conflictos para relacionarse y amar, pero ahora viven en un mundo mucho más diverso, con identidades y posibilidades que entonces apenas alcanzábamos a imaginar. Eso hace que Los demonios del amanecer dialogue naturalmente con El cielo dividido. Me alegra mucho que lo hayas notado, porque casi nadie me lo había comentado.

Entrevista Julián Hernández
CortesíaPelícula Los demonios del amanecer

¿Hay algo autobiográfico escondido en la metáfora de esos demonios que aparecen cuando termina la euforia de hacer cine y regresas a la realidad?

Julián Hernández: Sí, completamente. Hacer cine en México es una empresa muy difícil. Siempre hay proyectos que no consiguen financiamiento, presupuestos insuficientes o equipos que ya no pueden seguir esperando. En esos momentos inevitablemente te preguntas: "¿Por qué me metí otra vez en esto?". Podría dedicarme únicamente a editar, que es mi otra profesión, trabajar tranquilo y evitarme muchos problemas, pero siempre termino regresando al cine. Los demonios del título también hablan de ese instante en que estás al borde del abismo, dudas de todo y, aun así, das un paso más porque entiendes que esto es lo que más amas hacer, incluso cuando a veces dudas de ti mismo.

Antes filmabas el deseo desde el descubrimiento; ahora también lo haces desde la vulnerabilidad. ¿Cómo ha cambiado tu forma de mirar el cuerpo?

Julián Hernández: Nunca lo había pensado de esa manera. Hoy también ha cambiado mucho la forma de filmar la intimidad. Siempre he sido extremadamente respetuoso con los actores y todas esas escenas están completamente coreografiadas. En realidad se parecen mucho a una secuencia de acción: cada movimiento está marcado para que no exista margen para errores o incomodidades.

En cuanto a mi mirada, inevitablemente ya no observo esos cuerpos desde el mismo lugar. Antes me sentía mucho más cercano a los personajes por la edad; ahora los miro desde otra etapa de mi vida, pero intento conservar algo que considero fundamental: acercarme a cada escena como si fuera la primera vez. Busco filmar el contacto entre dos personas con la misma curiosidad y el mismo asombro que me sigue provocando la posibilidad de que dos seres humanos puedan tocarse y encontrarse.

Entrevista Julián Hernández
CortesíaPelícula Los demonios del amanecer

¿Qué buscas cuando descubres a estos actores que parecen pertenecer naturalmente a tu universo?

Julián Hernández: Busco rabia, pero no una rabia nacida del resentimiento, sino una fuerza creadora, un impulso que haga sentir que esa persona necesita decir algo. Con los años creo que desarrollé cierta intuición para reconocerlo. A veces veo un rostro del que otros dudan, pero yo alcanzo a percibir un ímpetu que me hace imaginar que podrá llegar exactamente al lugar emocional que necesita la película. Mucha gente piensa que el mayor reto de mis actores son las escenas íntimas. En realidad no es así. Mi fotógrafo suele decir que las secuencias más difíciles son aquellas donde dejo la cámara completamente fija. Ahí todo depende del actor. Para mí, el cine siempre ha sido una oportunidad para que quienes trabajan conmigo encuentren una voz propia.

Si el Julián que ganó el Teddy Award por Mil nubes pudiera sentarse hoy a ver Los demonios del amanecer, ¿qué crees que pensaría?

Julián Hernández: Creo que me recordaría el ímpetu que tenía entonces. No era un deseo consciente de romper reglas, simplemente hacía las cosas con absoluta libertad porque no tenía nada que perder. Con los años, los recursos y la profesionalización, uno también pierde un poco de esa ligereza. Empieza a pensar más, a calcular más. No creo que esa libertad haya desaparecido; simplemente se ha transformado, pero sí me gustaría conservar siempre esa disposición de volver a lanzarme al vacío, de seguir haciendo cine con el mismo entusiasmo y riesgo con el que hice Mil nubes.

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