La casa de los espíritus es una herida, una memoria y una familia que se rompe y se reconstruye con el tiempo. Amazon Prime Video acaba de estrenar la adaptación en formato serie de esta icónica novela, la cual pone en el centro a tres personajes que sostienen toda la trama. Primero está Esteban Trueba, un hombre que construye poder pero no sabe amar, interpretado por Alfonso Herrera. Luego tenemos a Clara del Valle, el alma espiritual de la historia, dividida entre la mirada joven de Nicole Wallace y la fuerza silenciosa de Dolores Fonzi. Finalmente está Férula, un personaje doloroso y contenido que vive entre el amor y la renuncia, a cargo de Fernanda Castillo. Entre ellos se teje algo profundamente íntimo: poder, silencio, deseo y todo lo que se queda sin decir.
Esta serie no llega de la nada. La novela de Isabel Allende se publicó en 1982 y, desde entonces, se convirtió en un clásico imposible de ignorar, aunque muy difícil de adaptar. Existió una versión anglosajona en 1993 que no logró capturar la esencia latinoamericana. Hoy, décadas después, finalmente vemos una adaptación hecha desde este lado del mundo, con una mirada más cercana y honesta que entiende el peso histórico, político y emocional que atraviesa a los personajes. Esta es una historia que sigue hablando de nosotros, de lo que heredamos, callamos y repetimos sin darnos cuenta.
En Time Out México conversamos con Alfonso Herrera, Dolores Fonzi, Fernanda Castillo y Nicole Wallace sobre esta megaproducción, con el fin de entender a sus personajes y lo que significan en una época en la que todavía nos cuesta decir la verdad.
No te puedes perder: “El mal no viene de fuera, sino de nosotros”: Genki Kawamura sobre Exit 8
Muchas veces no somos recordados por lo que intentamos ser, sino por el daño que causamos. Ese es el eje central de la novela. Con eso en mente, ¿alguna vez ustedes, como actores, se han preguntado cómo van a ser recordados?
Alfonso Herrera: Creo que muchas veces recuerdas a las personas por cómo te hacen sentir. Esteban genera un dolor muy fuerte en su núcleo familiar, y creo que por eso será recordado. Es uno de los personajes más icónicos de la literatura latinoamericana, visto como un villano porque representa muchos dolores de esta región: un Estado fallido, una política corrupta, desigual y abrasiva. Pero, al mismo tiempo, el gran reto fue tratar de humanizarlo, que no se viera desde una sola capa. Interpretarlo fue un reto enorme; construir un arco que va desde su juventud hasta, prácticamente, su muerte. Fue un lujo haber sido parte de esta historia y encarnar a este personaje.
Fernanda Castillo: Sí, es rudo. Creo que todos queremos ser recordados por un acto de bondad. Para mí, esa sería la mejor manera. En algún momento de mi juventud quería que me recordaran como una actriz ganadora de muchos premios Oscar, pero creo que al crecer dejas de pensar tanto en cómo te van a recordar y disfrutas más lo que haces. Cuando estás demasiado pendiente del afuera, te pierdes del presente. No me importa cómo voy a ser recordada, me importa recordar quién soy.
En la historia hay momentos en los que los personajes deciden callar en lugar de hablar, y eso cambia completamente su destino. Sin decir qué han callado, ¿qué han aprendido de guardar silencio por amor, por miedo o por evitar conflictos?
Nicole Wallace: Yo tengo un problema con eso, porque creo que tengo que aprender a callar. Soy una persona a la que le cuesta mucho no decir lo que siente. Para bien o para mal, siempre digo lo que me pasa. Con el tiempo estoy aprendiendo que también hay que elegir las batallas. Estar en conflicto constante tampoco sirve, pero en esta historia se ve algo muy importante: Clara no se calla y termina contando la historia de todas las mujeres que sí lo hicieron. El mensaje es claro, hay que contar nuestras historias para que alguien pueda aprender de ellas.
Isabel Allende crea una historia donde las mujeres no necesariamente gritan... pero nunca se rompen. ¿Cómo les ayudó esto a construir la fuerza de sus personajes?
Fernanda Castillo: Es una historia de resiliencia. Durante generaciones, a las mujeres se nos enseñó a callar, “calladita te ves más bonita”. Ese ha sido un mandato que hemos tenido que romper. Hay una conversación constante en la novela sobre eso: sobre cómo las mujeres han ido rompiendo moldes a lo largo del tiempo. Y hay algo clave, la importancia de los vínculos entre mujeres, de hablar entre nosotras, de construir una voz colectiva.
Dolores Fonzi: También creo que el hecho de que muchas hayan callado hizo posible que Clara pudiera hablar. Hay momentos en la historia donde decir la verdad adquiere un peso distinto, más urgente. Además, esta historia viene de un país que fue silenciado. La novela misma fue escrita en el exilio, publicada afuera, y hoy llega a una plataforma global. Hay cosas que toman tiempo en romperse, pero se rompen.
La casa de los espíritus es una de las grandes novelas del realismo mágico latinoamericano. En la serie, ese elemento ayuda a entender mejor la realidad. ¿Cómo fue para ustedes, como actores, entrar en ese universo?
Dolores Fonzi: Fue un lujo. Todo estaba construido con un nivel de detalle impresionante: los vestuarios, los espacios, la luz. Eso, como actores, nos sostenía y nos permitía entrar en ese mundo de manera muy natural. Sentías que todo estaba puesto para que pudiéramos jugar con total libertad.

