Lo que empezó como un grupo de amigos en Monterrey contando historias de terror, terminó convirtiéndose en una de las comunidades de investigación paranormal más seguidas en México. La Sociedad de las Pesadillas —integrada por Raiza Revelles, Claudia y Andrea Ramírez, Gerardo Avendaño, Pato Ramírez y Renata Revelles— dio el salto de narrar miedo a enfrentarlo. Primero desde lo digital, y ahora desde el cine con la película El Museo de los Warren, un proyecto que los obliga a dejar la comodidad del relato para meterse, literalmente, a los lugares donde esas historias nacieron.
El punto de partida es el legado de Ed y Lorraine Warren, los investigadores que marcaron la historia moderna de lo paranormal y que inspiraron casos como El Conjuro, Annabelle y Amityville. El grupo viaja a Estados Unidos para entrar a los espacios reales: el Museo del Ocultismo de los Warren en Monroe, Connecticut; la casa donde vivieron, y la famosa vivienda del caso Perron en Rhode Island, mejor conocida como la casa de El Conjuro. Lugares con historia y una carga que no se puede ignorar.
Time Out México platicó con los integrantes de La Sociedad de las Pesadillas sobre el momento en que el juego se volvió real, su salto del contenido digital a la pantalla grande y lo que implica enfrentarse a los espacios que marcaron la historia de los Warren.
La Sociedad de las Pesadillas empezó como algo para entretenerse entre ustedes, pero terminó llevándolos a lugares reales, físicos. ¿En qué momento dejó de ser un juego y se volvió algo serio?
Raiza Revelles: No creo que haya sido un solo momento, pero sí hubo un punto de quiebre muy claro: la primera vez que fuimos a la casa de El Conjuro. Yo ya venía haciendo investigaciones antes, incluso sola o con mi hermana, pero eso era otra dinámica, más controlada, más personal. Cuando fuimos todos, cambió todo. Ya no era solo “ir a ver qué pasa”, era organizarnos, dividirnos, documentar. Cada uno empezó a aportar algo distinto, desde la forma de explorar hasta la manera de reaccionar ante lo que estaba pasando. Y ahí entendí que esto ya no era un hobby, estábamos construyendo algo como grupo.
Pato Ramírez: Y también cambió la responsabilidad. Esa investigación no solo nos unió entre nosotros, también conectó muchísimo con la gente. El público empezó a involucrarse más, a pedirnos más como Sociedad de las Pesadillas. Ahí fue cuando dijimos: "si esto ya no es un juego, entonces hay que hacerlo bien". Prepararnos, tomárnoslo en serio. Porque, además, el contraste es muy fuerte: pasamos de ser curiosos grabando a realmente intentar investigar, a buscar evidencia, a entender lo que estábamos viviendo.
Cuando fueron a esa primera investigación, ¿qué buscaban: entender o sentir?
Gerardo Avendaño: Las dos. Queríamos entender qué era real y qué no de todo lo que habíamos visto en El Conjuro.
Andrea Ramírez: Pero también sentir. Había mucha adrenalina, mucha emoción por estar ahí.
Raiza Revelles: Sí, porque una cosa es ver la historia contada en cine y otra es enfrentarte al lugar real. Nosotros queríamos contrastar eso: qué tanto era ficción, qué tanto estaba basado en algo que sí ocurrió, pero, al mismo tiempo, queríamos vivirlo en carne propia. Sentir el ambiente, ver cómo reaccionábamos. Porque hay cosas que no puedes entender hasta que estás ahí, en ese espacio, con esa energía.
Andrea Ramírez: Algo que sigue pasando es que, aunque vivas algo muy fuerte, siempre hay una parte de tu mente que intenta explicarlo.
Gerardo Avendaño: Exacto. Puedes ver algo inexplicable… y aun así buscas una lógica.
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Ahora esto ya no es solo contenido digital, es una película. ¿Cómo fue traducir su experiencia a un lenguaje distinto, más narrativo, más largo?
Claudia Ramírez: Fue un reto enorme, porque aquí no podíamos asumir que la gente ya nos conocía.
Raiza Revelles: Exacto. En redes puedes construir sobre lo que ya hiciste antes; hay contexto, hay comunidad que incluso completa la información. Pero en el cine empiezas desde cero. Entonces era muy importante para nosotros explicar todo: quiénes somos, qué hacemos, quiénes fueron los Warren, por qué ese caso es relevante. No podíamos dejar huecos y, al mismo tiempo, no perder la esencia. Porque si algo nos define es que lo que mostramos es lo que vivimos, sin adornarlo.
Claudia Ramírez: Desde la preparación fue distinto: más cámaras, mejor audio, equipo nuevo… todo pensado para pantalla grande.
Raiza Revelles: Y también estructurar una narrativa que sostuviera dos horas. No solo momentos impactantes, sino una historia que te lleve de la mano.
Ustedes han estado en estos lugares reales, sin efectos ni música. ¿Cómo se siente realmente estar ahí?
Gerardo Avendaño: Desde que entras, cambia todo. La atmósfera es distinta.
Pato Ramírez: Sí, y especialmente en el museo de los Warren es una sensación muy particular… es abrumadora desde el primer momento. No es solo que estés en un lugar “famoso”, es que estás rodeado de objetos con historias, con carga, con significado. Empiezas a verlos y tu mente se activa: ¿qué hay aquí?, ¿qué pasó con esto?, ¿qué puede pasarme a mí estando aquí?
Raiza Revelles: Hay una sensación constante de no estar solo.
Y en casa… ¿qué dicen sus papás cuando saben a dónde van?
Raiza Revelles: Depende del papá. El mío es totalmente escéptico, no cree en nada, pero justamente por eso, cuando algo le hace ruido, sí pesa. Por ejemplo, con todo lo que se ha dicho de Annabelle, una vez sí me dijo: “Oye, esto no me gusta, ten cuidado”. Y para mí eso fue fuerte, porque si alguien que no cree en nada te dice eso, te hace pensar. Mi mamá, en cambio, lo disfruta más. Le gusta el terror, entonces hay una mezcla rara entre preocupación y emoción.
Andrea Ramírez: En nuestro caso, lo odian.
Claudia Ramírez: Nuestra mamá es muy católica. Nos da agua bendita, rosarios…
Pato Ramírez: Literal, entraba con spray de agua bendita a nuestro cuarto.
Gerardo Avendaño: En mi caso es parecido: un lado más escéptico, otro más protector.
Después de todo lo que han investigado, ¿qué opinan de los Warren?
Claudia Ramírez: Más allá de las controversias, respetamos el camino que abrieron.
Pato Ramírez: Sí, porque independientemente de si todo lo que hicieron fue real o no, el impacto que tuvieron es innegable. Fueron quienes pusieron estos casos en el mapa y quienes despertaron el interés de muchas personas por investigar lo paranormal.
Claudia Ramírez: Es respeto… y también agradecimiento.

