Bem, un lémur en fuga
Cortesía | Entrevista con Leopoldo Aguilar
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Leopoldo Aguilar: "El 2D te da libertad para construir un universo emocional"

Tras dirigir Condorito, el cineasta vuelve con una historia íntima sobre un lémur perdido en la CDMX y una niña buscando su propia valentía

Stivi de Tivi
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Leopoldo Aguilar lleva años impulsando algo que en México no es tarea fácil: hacer animación. Después de proyectos a gran escala como Condorito: La película, ahora da un giro hacia una obra mucho más íntima con Bem, un lémur en fuga, una historia de apariencia sencilla que en realidad aborda temas profundos.

La película sigue a Bem, un lémur que es extraído de su hábitat y termina en la Ciudad de México, donde se cruza con Irene, una niña que vive encerrada en su propio mundo. Son dos personajes completamente distintos, pero unidos por lo mismo: el miedo y la necesidad de superarlo. Detrás de este proyecto se encuentra Chiltepín Estudios, apostando por una técnica poco común en la actualidad: la animación 2D. Como un recurso de una firme decisión narrativa.

Time Out México conversó con Leopoldo Aguilar sobre su trayectoria en la animación mexicana, el porqué esta es su película más personal y lo incómodo —pero necesario— que resulta salir al mundo cuando aún no te sientes listo.

¿Te interesan los personajes que están en un lugar al que no pertenecen, o este tema viene de una inquietud más personal?

De todas las películas que he tenido la oportunidad de dirigir, esta es la cuarta, creo que es la más personal. En mis tres trabajos anteriores los protagonistas eran masculinos; esta es la primera vez que dirijo una historia con una protagonista femenina, y tiene mucho que ver con algo reciente en mi vida: me convertí en tío.

Cuando empecé a observar qué tipo de contenido veían mis sobrinas, especialmente dentro del cine animado mexicano, me di cuenta de que hay muy pocas opciones. Entonces, cuando Dariela y Eriberto me invitaron al proyecto y leí el guion, me emocionó la idea de hacer una película para ellas, casi como un pequeño homenaje. Quería contarles que la vida no siempre es sencilla, pero que con valor y determinación puedes salir adelante. Esa fue mi gran motivación.

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Bem e Irene viven distintos tipos de encierro, uno físico y otro emocional. Como director, ¿qué es más difícil de transmitir?

Creo que ambos encierros coinciden en muchos niveles. A veces estás encerrado físicamente, pero emocionalmente eres libre; en otras, estás completamente libre, pero emocionalmente bloqueado. Fue muy interesante porque comenzamos el proyecto en un contexto pospandémico, lo que volvió mucho más tangible esta idea del encierro.

Antes quizá no teníamos referentes tan claros, pero después de lo que vivimos, entender ese aislamiento se volvió algo muy cercano. En la película hay dos líneas narrativas: la de Irene, que es emocional, y la de Bem, que es literal al ser arrancado de su entorno natural y arrojado a un lugar agresivo para él.

Bem, un lémur en fuga
CortesíaEntrevista con Leopoldo Aguilar

La Ciudad de México se vuelve un personaje más. ¿Por qué era importante lograr esto?

Porque quienes vivimos aquí sabemos que es una ciudad de extremos: caótica, vibrante y llena de identidad. Pero, vista desde los ojos de un animal que viene de otro entorno, puede resultar abrumadora. Queríamos que la ciudad se sintiera viva a través de los vendedores, los sonidos, los colores y los pequeños detalles cotidianos; que el público pudiera reconocerse en ese universo con elementos que no siempre aparecen en otras películas animadas.

En un momento dominado por la animación hiperrealista, decides apostar por el 2D. ¿A qué se debe?

Hay una realidad presupuestaria, por supuesto. El hiperrealismo al nivel de estudios como Pixar implica inversiones enormes. Sin embargo, más allá de eso, el 2D tiene cualidades artísticas muy particulares: te permite reinterpretar la realidad y darle una sensación pictórica. El 2D te da la libertad de construir un universo emocional, no solo de replicar la realidad de forma exacta.

¿Qué tanto influyeron las voces en la construcción de los personajes?

Muchísimo, México tiene un talento de doblaje increíble. A diferencia del proceso tradicional, aquí primero grabamos las voces y luego animamos. Eso permitió que los actores se apropiaran de los personajes desde el inicio. Dariela Pérez hizo un gran trabajo con el guion, pero los actores llevaron los diálogos a otro nivel; los volvieron más naturales, más vivos. La animación se construyó a partir de sus emociones, logrando que los personajes se sintieran mucho más reales.

Bem, un lémur en fuga
CortesíaEntrevista con Leopoldo Aguilar

Vienes de proyectos grandes como Condorito y ahora haces una película más íntima. ¿Cómo viviste ese cambio?

Como director, nunca sabes si habrá una siguiente película, así que cada proyecto es un reto distinto. Esta cinta es más pequeña en escala, pero mucho más personal. Aquí el desafío no era manejar grandes equipos o recursos, sino transmitir emociones complejas desde la simpleza. Es una película menos técnica y mucho más emocional; ese fue el verdadero reto.

Bem e Irene salen al mundo sin estar listos. ¿Te ha pasado algo así en tu carrera?

Yo creo que todos somos Irene y todos somos Bem en algún momento. Las oportunidades llegan y tienes que decidir si las tomas o las dejas ir, aunque no te sientas preparado. Incluso ahora, en mi cuarta película, sigo sintiendo nervios. Esa sensación de "no estar listo" nunca desaparece, pero también es lo que te impulsa. Con el tiempo aprendes a confiar, no solo en ti, sino en tu equipo. Detrás de esta película hay más de 150 personas que han puesto su talento y esfuerzo. Al final, eso también te sostiene: entender que no estás solo.

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