Entrevista a Sarah Bock,"La Niña" en Severance, la serie de Apple TV+
Fotografía: Cortesía de la distribuidora. | Sarah Bock.
Fotografía: Cortesía de la distribuidora.

Mejores y peores series 2025, según Stivi de Tivi

De Severance y Andor a los grandes tropiezos del streaming, un recorrido por las mejores y peores series de 2025

Stivi de Tivi
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La televisión en 2025 no fue un simple escaparate de estrenos: fue un campo de prueba. Series que entendieron el medio como un espacio de riesgo creativo y otras que confundieron presupuesto con ambición, el año dejó claro que el “peak TV” ya no garantiza calidad. Hubo obras que apostaron por la inteligencia del espectador, por personajes que envejecen, se equivocan y pagan consecuencias, y también producciones que se diluyeron en el ruido del algoritmo y el escándalo.

Este recuento reúne lo mejor y lo peor de las series de 2025, desde títulos que elevaron el lenguaje televisivo y se convirtieron en conversación pop, hasta fracasos ruidosos que evidencian los límites del streaming cuando se queda sin ideas. ¿A cuántas de estas recordaremos?

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Lo mejor de la TV y el Streaming en 2025

The Pitt

Jamás pensé que volvería a engancharme con un drama médico. Grey’s Anatomy agotó todas mis ganas de regresar a ese quirófano emocional, pero la idea de reencontrarme con Noah Wyle en este universo era irresistible. Lo que no esperaba era convertirme en su fan número uno.

The Pitt es adictiva, humana, tensa y profundamente empática. Aquí todos los personajes importan, todos tienen algo en juego, y cada episodio hace crecer la historia, la intriga y los miedos.

Lo verdaderamente poderoso es cómo la serie entiende el hospital no solo como un espacio físico, sino como un campo moral: decisiones imposibles, cansancio acumulado y humanidad al límite. No romantiza la vocación médica, la observa. Es una forma elegante y madura de devolverle dignidad al género. Ahora solo queda una cosa: esperar desesperadamente la segunda temporada.

Hacks

Siempre fue la historia del regreso de una estrella de la comedia a sueños aparentemente imposibles, pero esta cuarta temporada entregó exactamente lo que llevábamos años esperando, y lo hizo de la manera más ingeniosa, valiente y divertida.

Hacks se atreve a enfrentar las consecuencias reales de sus personajes, sin resetearlos ni protegerlos. Jean Smart y Hannah Einbinder no solo brillan: se desafían mutuamente. La serie entiende que crecer duele, que el éxito tiene costo y que el ego también envejece. Es una comedia afilada, emocionalmente honesta y con un ritmo envidiable. Sin discusión, la mejor comedia del momento. Lo más impresionante es que mejora conforme avanza, cuando muchas otras se conforman.

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Pluribus

Vince Gilligan confirma que es el rey absoluto de la televisión. Se aleja del universo Breaking Bad para apostar por una ciencia ficción introspectiva, incómoda y profundamente humana. El resultado es la mejor serie del año.

Pluribus no explica: propone. No subraya: incomoda. Confía en la inteligencia del espectador y lo empuja a hacerse preguntas morales, políticas y existenciales. Rhea Seehorn entrega una actuación monumental, contenida y feroz al mismo tiempo, que sostiene todo el peso del relato. Original, inquietante, provocadora y necesaria. Televisión que se siente como evento cultural.

Severance

Superar el final de la primera temporada parecía imposible. Severance no solo lo logra, sino que decide crecer hacia otro lado: más ambición emocional, mayor complejidad temática y una expansión del mundo que jamás traiciona su esencia.

Britt Lower ofrece la actuación del año, pero el elenco completo está sincronizado a un nivel altísimo. El guion es impredecible y, al mismo tiempo, absolutamente coherente: cada giro parece inevitable una vez que sucede. La serie se toma su tiempo, impone su ritmo y nos obliga a seguirlo… y lo hacemos con gusto, con placer, con una extraña devoción. Televisión que no busca comodidad, busca impacto.

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Las Muertas

Este es el Luis Estrada que amo. El Luis Estrada al que siempre quiero volver. La mejor serie mexicana del año, no solo por su nivel de producción, sino por su ambición narrativa y política.

Es hipnótica, brutal, irónica y profundamente incómoda. Personajes que amas aunque sean unos desgraciados hijos de la fregada, porque están construidos con capas, contradicciones y verdad. Calaverita y Blanca vivirán para siempre en mi cabeza. Las muertas no es sobre las Poquianchis: es sobre México, su violencia, su hipocresía, su humor negro y su memoria. Un golpe en la mesa que demuestra hasta dónde puede llegar la televisión mexicana cuando se atreve.

Task

Mark Ruffalo tiene un talento especial para elegir proyectos televisivos. Este año nos regaló dos grandes series (Hal y Harper), pero Task es la que merece estar en esta lista.

Es un drama policiaco que se siente distinto porque no necesita trucos ni giros forzados. Todo está al servicio de los personajes y de las consecuencias. La serie respeta a su historia y a la gente que la habita, algo cada vez más raro en el género. Es seca cuando debe serlo y emocional cuando lo necesita. Maeve es uno de esos personajes que no buscan caer bien, pero se quedan contigo para siempre. Humanidad pura en medio del crimen.

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Dying for Sex

Una comedia sexual sobre una mujer muriendo de cáncer no debería funcionar… y sin embargo funciona maravillosamente. Gracias al talento de Liz Meriwether y Kim Rosenstock, y a dos actuaciones extraordinarias de Michelle Williams y Jenny Slate, la serie logra algo muy difícil: hablar de la muerte sin solemnidad y del sexo sin cinismo.

Dying for Sex entiende el deseo como afirmación de vida, como resistencia. Es divertida, triste, incómoda y liberadora. Una oda a la amistad femenina y a la necesidad de vivir intensamente incluso cuando el tiempo se acaba.

Andor

La serie menos Star Wars termina siendo la mejor serie de Star Wars. Y una de las mejores del año. Tony Gilroy entiende que la ciencia ficción también puede ser política adulta, pero el verdadero corazón de Andor está en sus actores.

Diego Luna entrega aquí el mejor trabajo de su carrera: contenido, cansado, lleno de matices y silencios que dicen más que cualquier discurso. A su alrededor, el elenco completo —Stellan Skarsgård, Genevieve O’Reilly, Denise Gough— construye un mundo creíble, peligroso y profundamente humano. Andor demuestra que este universo puede crecer cuando se le permite pensar… y actuar con este nivel de excelencia.

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The Studio

Seth Rogen lleva años demostrando su amor por el cine, pero con The Studio alcanza el punto más alto de su carrera. Es una radiografía brillante, caótica y dolorosamente honesta de lo que significa vivir para hacer cine… y de cómo la industria muchas veces te lo impide.

Los cameos son impresionantes, una auténtica pasarela de talento, pero nunca se comen la serie: están al servicio de la historia, del comentario y del amor por el medio. Cada episodio es un homenaje distinto al séptimo arte, desde la forma hasta el fondo. No hay episodios flojos ni momentos muertos. Solo caos, pasión y devoción absoluta por el cine.

Mo

Mo es una comedia que se siente viva: inteligente, honesta y profundamente humana.

También es una de las primeras comedias en abordar el tema de Palestina de forma directa, cotidiana y brillante, sin discursos ni solemnidad. A través del humor, habla de identidad, migración, familia y pertenencia con una naturalidad desarmante. Mo Amer construye un personaje entrañable que navega un mundo que constantemente le pone obstáculos, pero nunca pierde su voz ni su dignidad. Es una serie pequeña en apariencia, pero enorme en corazón. De esas que hacen historia sin levantar la voz.

Peores series de 2025

Serpientes y Escaleras

Lo tenía todo: presupuesto, el respaldo de la plataforma más grande del mundo, actores de primer nivel y una premisa prometedora. Pero le faltó lo único indispensable: una historia.

Lo que intenta ser una crítica mordaz a la alta sociedad y a los juegos de poder se desmorona desde el segundo episodio y se convierte en una vomitada de ideas mal digeridas, sin rumbo ni coherencia. La serie se traiciona a sí misma y a sus personajes. No es graciosa, no es un drama atractivo, no incomoda ni provoca reflexión. Es solo un desfile de pretensiones vacías. Dinero tirado a la basura con elegancia, eso sí.

The Hunting Wives

Siempre pensé que Sirens estaría en esta lista… hasta que vi The Hunting Wives, que llegó arrasando como lo peor de lo peor. Personajes que caen mal desde el minuto uno, situaciones mal construidas, erotismo barato y giros dignos de una telenovela noventera en su peor etapa.

Brittany Snow y Malin Åkerman son actrices talentosas que merecen mucho más que personajes huecos cuyo único arco narrativo es desnudarse por cualquier pretexto. La serie no busca incomodar ni explorar nada: busca shockear de la manera más floja y amarillista posible. Me recordó a esos programas sensacionalistas de los noventa que prometían escándalo y solo entregaban vergüenza ajena. Qué basura de serie.

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Monster: The Ed Gein Story

Ya es casi una ley no escrita: las producciones de Ryan Murphy se estropean entre la tercera y la cuarta temporada. Aquí la regla se cumple de forma humillante.

Esta antología de asesinos seriales americanos toca fondo con una temporada que pudo haber sido un TikTok de diez minutos. La historia de Ed Gein se agota en el primer episodio; lo demás es relleno inútil. Sí, Gein inspiró a Hitchcock, Tobe Hooper y Thomas Harris. Lo sabemos. Pero convertir lo que el guionista imagina que pudo haber sido en el motor narrativo es la herramienta más floja y perezosa que he visto en televisión reciente.

Hay escenas donde Ed imagina conversaciones con personas y figuras que nunca existieron. ¿Por qué? ¿Para qué? Solo para hacernos perder el tiempo. Charlie Hunnam se esfuerza, pero nunca desaparece: no ves al personaje, ves al actor sudando por actuar. La serie no fue asesinada: se suicidó sola.

All's Fair

Ryan Murphy otra vez en la lista. Empiezo a pensar que disfruta hacer productos malos que generan ruido precisamente por ser malos.

Una supuesta historia de “empoderamiento femenino” sobre abogadas poderosas que se visten tan glamorosas que rozan la parodia… sin olvidar la infame tanga de Kim Kardashian.

Todo es estético, simétrico y reciclado. Es la fórmula de Nip/Tuck rehecha sin alma. Diálogos atroces, personajes desagradables y una historia francamente tonta.

Sarah Paulson es la única que vale la pena: parece que la retaron a decir los diálogos más corrientes, ridículos y sexualmente cargados posibles… y lo da todo. Kim Kardashian, en cambio, mantiene el mismo tono plano de siempre. Eso sí: hay que ser valiente para ser tan limitada y compartir escena con diosas como Glenn Close, Naomi Watts y Niecy Nash-Betts, quienes claramente aceptaron esto por dinero. Se vale. Se merecen una casa nueva en la playa. Nosotros merecíamos un poquito más.

Es tan corriente que termina gustando, pero eso lo diremos en secreto.

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And Just Like That...

Esta secuela de Sex and the City fue una tortura que no podíamos abandonar. Nos volvió masoquistas. Comida chatarra televisiva: sabías que te hacía daño, ni siquiera te gustaba… pero no podías dejar de consumirla.

Desde el inicio traicionaron a los personajes que amábamos, nos forzaron a aceptar personajes nuevos profundamente odiosos y nos entregaron tramas sin encanto. Cuando por fin parecía que habían encontrado algo interesante —la relación entre Carrie y Aidan—, lo arruinaron con decisiones narrativas torpes y conflictos pesadísimos.

De pronto anuncian que es la temporada final y se siente exactamente así: forzada, apresurada y sin convicción. Pero bueno, la comida chatarra nunca tiene un propósito más allá de dejarte malestar. Y esta serie cumplió su misión hasta el último bocado.

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