Miranda Priestly y Andy Sachs. Eran dos versiones del éxito chocando de frente. Miranda, impecable, exigente y casi impenetrable; Andy, curiosa, brillante y tratando de no perderse mientras aprendía a jugar el juego. Ellas fueron la razón por la que El diablo viste a la moda se convirtió no solo en una película taquillera, sino en un ícono generacional que sigue resonando.
La secuela plantea un mundo donde el poder editorial ya no manda como antes y lo digital lo redefine todo. Miranda enfrenta este cambio en un escenario donde la balanza de poder se ha invertido. Es un duelo generacional, pero también una historia de evolución: del control absoluto a la necesidad de adaptarse. Si la primera cinta trataba sobre entrar al sistema, esta parece ser sobre cómo sobrevivir cuando el sistema cambia sin pedir permiso.
Meryl Streep convirtió a Miranda en un personaje eterno. Entre la primera y la segunda película, la actriz sumó dos nominaciones al Oscar (The Post e Into the Woods) y ganó una estatuilla por The Iron Lady; por su parte, Anne Hathaway se llevó el Oscar por Les Misérables. Veinte años después, la historia solo sigue siendo relevante y se siente más actual que nunca. Time Out México conversó con Streep y Hathaway sobre esta nueva entrega, que habla de moda, identidad, ambición y las decisiones que nos definen.
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¿Creen que El diablo viste a la moda cambió la manera en que hablamos sobre la ambición, especialmente en el caso de las mujeres?
Meryl Streep: Creo que siempre hemos estado un poco incómodos con las mujeres ambiciosas. Eso empezó a cambiar para bien hacia finales del siglo XX, pero todavía estamos acomodándonos a la idea de una girl boss. Y sí, creo que la película ayudó a iluminar un poco esa conversación. Es un tema enorme. La vida misma está en constante transformación y todo está cambiando muy rápido. Creo que hoy nos sentimos más cómodos viendo a mujeres en posiciones de liderazgo, y ya era hora, porque nos estábamos perdiendo el 50% de la sabiduría del mundo.
Anne Hathaway: Algo que ha cambiado en los últimos 20 años es que antes el poder estaba mucho más centralizado. Ahora, con lo digital, se ha vuelto más democrático. La conversación sobre inclusión ha avanzado, aunque también ha tenido retrocesos, como todo proceso de cambio. Tal vez el acceso se ha relajado un poco, permitiendo que entren más voces, pero el poder sigue siendo poder y sigue teniendo un gran impacto en todos.
A veces la moda se percibe como algo frívolo, pero la película demuestra que también construye identidad. ¿Cómo influye la moda en la forma en que mostramos quiénes somos?
Meryl Streep: Creo que la moda es frívola y eso es justamente lo mágico. Tiene la capacidad de inyectar alegría. Nos da placer presentarnos al mundo de formas creativas y divertidas. Claro, la industria de la moda es otra cosa, es mucho más compleja, pero como expresión personal, es algo necesario. Además, con internet, la moda se ha democratizado. Las influencias surgen más rápido desde la calle, cambian constantemente; es un mundo en movimiento. De hecho, sería un gran tema para otra película.
Anne Hathaway: Si amas la moda, hay un libro maravilloso, Grace, de Grace Coddington, que explica muy bien los orígenes de lo que hoy entendemos como la industria moderna. Cuando pienso en moda, pienso en arte; en arte que se puede llevar puesto. Hay algo muy íntimo en la relación que tenemos con la ropa. Nos hace sentir bien, nos transforma. A mí me encanta arreglarme, siempre ha sido así desde niña. Aunque en mi día a día uso mi ropa hasta desgastarla, esos momentos especiales como de Cenicienta también importan. Es maravilloso ir a un museo y contemplar obras maestras, pero también lo es poder ponerte una y vivir una noche mágica dentro de ella.
Esta película también está cargada de nostalgia. ¿Alguna vez han tenido que limpiar su clóset y se han topado con algo que simplemente no podían dejar ir?
Anne Hathaway: Sí, guardo todas las camisetas de mis películas y obras de teatro. No las uso mucho, pero no puedo deshacerme de ellas. Me encantan. Tal vez algún día mis hijos o nietos las quieran.
Meryl Streep: Yo no tengo ese problema porque tengo tres hijas. A veces las veo en televisión usando piezas que eran mías, incluso cosas que Giorgio Armani diseñó en los años ochenta. Pero hay algo muy especial en mi clóset: un vestido de mi madre. No era particularmente valioso, creo que lo compró en Macy’s, pero tiene una historia, y eso lo vuelve invaluable.
¿Qué importancia tiene para ustedes empezar la gira mundial de la película en México?
Anne Hathaway: ¡Oh, Dios mío! Todo esto significa muchísimo para mí. No podría estar más feliz. El público en México ha sido increíblemente generoso y cálido; han abrazado esta película durante años, y no podríamos estar más emocionadas de que esta sea la primera parada de nuestra gira de prensa.
Meryl Streep: Sí, estoy muy feliz de estar de regreso en México. Vengo cada año, muy de incógnito, y me encanta. De verdad me encanta. Siempre venimos para el cumpleaños de mi hijo.

