En la película Obsesión, Bear y Nikki son dos mejores amigos que lo comparten todo. Sin embargo, Bear oculta un amor profundo y obsesivo por ella, lo que lo lleva a pedir un deseo que cambiará sus vidas para siempre: que Nikki le corresponda. Lo que inicia como una idílica fantasía romántica no tarda en descarrilarse hacia una pesadilla emocional sin control. Michael Johnston (Teen Wolf) e Inde Navarrette (13 Reasons Why) protagonizan este viaje incómodo y profundamente perturbador.
Detrás de esta producción se encuentra Curry Barker, director, guionista y creador originario del ecosistema digital, reconocido por su destreza para entrelazar la tensión incómoda y el humor negro. Obsesión consolida su salto al largometraje cinematográfico, posicionándose como una de las cintas de terror más comentadas de 2026. Time Out México conversó con Inde y Michael sobre esta propuesta fílmica que promete marcar un antes y un después en sus carreras, gracias a un trabajo actoral tan oscuro como demandante en el plano físico.
La música, las series, los libros y el cine suelen romantizar el deseo, el ser elegidos y los sueños cumplidos. Sin embargo, rara vez abordan los sacrificios implícitos. Con esto en mente, ¿cuál ha sido el costo más inesperado de construir la carrera que siempre quisieron?
Inde Navarrette: Desde una perspectiva personal, considero que hay un valor inmenso en el anonimato que conservas, incluso cuando estás expuesta al ojo público. Pasamos la vida cometiendo errores, y lo ideal es aprender de ellos en privado, sin la presión de vivirlos frente al escrutinio del mundo entero. Todos tenemos días difíciles, como solía decir metafóricamente Hannah Montana; lo importante es poder fallar y crecer lejos de los reflectores.
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Michael Johnston: En mi caso, soy alguien que le da mucha importancia a la percepción de los demás; me gusta agradar. La mayoría de los seres humanos buscamos aceptación, pero llega un punto en esta carrera donde debes tomar decisiones por ti mismo y aceptar que no vas a complacer a todo el mundo, ni todos estarán de acuerdo con tus elecciones. He tenido que aprender a no obsesionarme con leer cada comentario o crítica en redes; asimilar este nivel de exposición ha sido un proceso de aprendizaje fascinante y completamente nuevo para mí.
Las interpretaciones en la película exigen un despliegue sumamente físico. ¿Hubo algún momento del rodaje en el que experimentaran una conexión especialmente intensa o consciente con su propio cuerpo?
Inde Navarrette: Completamente. Hubo innumerables momentos así porque mi personaje transita de forma abrupta entre emociones opuestas; a menudo me tocaba proyectar dualidades contradictorias en una misma toma. Considero que el amor y el odio comparten una raíz muy cercana, al igual que la felicidad y el miedo pueden coexistir en un mismo instante. Registrar esa respuesta física y visceral en mi propio cuerpo fue una de las facetas más extenuantes e interesantes de este proyecto.
Totalmente de acuerdo, en especial por la brutal carga que recayó sobre Inde. Gran parte de lo que ocurre en la trama sucede en el plano psicológico de los personajes, por lo que decidimos mantener un tono actoral muy contenido y aterrizado. El más mínimo gesto corporal tenía el poder de redefinir la intención de una escena completa. Para Bear, mi personaje, el reto consistió en reaccionar constantemente a los quiebres de Nikki; me descubrí a mí mismo tensionando el cuerpo durante casi toda la filmación para transmitir esa opresión.
En el cine convencional, la química entre los actores se utiliza para vender romance; aquí, en cambio, se emplea para edificar el peligro. ¿Cómo calibraron esa complicidad para que no se percibiera como una historia de amor tradicional, sino como algo sutilmente incorrecto?
Michael Johnston: Fue un equilibrio sumamente delicado. Era fundamental que la audiencia comprendiera el afecto genuino y el vínculo real que une a los personajes en un inicio, pero debíamos sembrar una constante nota de incomodidad. Buscamos que algo se sintiera fuera de lugar. Ese efecto lo construimos a través de los silencios prolongados, las miradas sostenidas y la decisión de sostener una proximidad física que desafiaba los límites de lo natural.
Inde Navarrette: Exacto. Si la relación se percibía perfecta o idealizada, la atmósfera de horror simplemente no se sostendría. Era crucial inyectar una sutil alarma inconsciente en el espectador, la certeza de que algo andaba profundamente mal, incluso durante los pasajes aparentemente más románticos de la historia.
Los directores debutantes suelen aportar una dosis de audacia que otros realizadores pierden con los años. ¿Curry Barker llevó la narrativa hacia terrenos que llegaran a sorprenderlos a ustedes mismos en el set?
Michael Johnston: Todo el tiempo. Lo más fascinante de Curry es su absoluta falta de miedo a experimentar con propuestas inusuales o extrañas. Jamás lo percibías preocupado por si una escena sería del agrado del público masivo; su único norte era que funcionara y calara a nivel emocional.
Inde Navarrette: Sí, poseía una claridad asombrosa sobre el tono exacto que requería cada secuencia. Sabía con precisión milimétrica cuándo dilatar una escena para incomodar al espectador o cuándo forzar la tensión. Filmar bajo esa dirección puede resultar desconcertante en el momento, pero cuando ves el montaje final, entiendes a la perfección el genio detrás de sus decisiones.
Si un sector de la audiencia entra a la sala esperando una clásica historia de amor, ¿cuál es el sentimiento dominante con el que esperan que abandonen el cine?
Inde Navarrette: Incomodidad absoluta. Me gustaría que salieran cuestionándose todo: desde qué tanto conocemos realmente a las personas que nos rodean, hasta los límites oscuros de nuestra propia necesidad de ser amados.
Michael Johnston: Por mi parte, busco que el espectador experimente una sensación de claustrofobia emocional, ese eco de "esto no estuvo bien". La película confronta un deseo intrínsecamente humano, la búsqueda de conexión, y expone lo terrorífica y destructiva que puede llegar a volverse cuando se corrompe.

