Paul Feig amplía su registro como director con La empleada, un thriller psicológico que marca un giro en su filmografía. Conocido por títulos como Bridesmaids, The Heat, Spy y A Simple Favor, el cineasta —también creador de la serie de culto Freaks and Geeks— se adentra ahora en un territorio más oscuro y perturbador.
La película, que se estrena el primero de enero, está basada en la novela The Housemaid, de Freida McFadden, publicada en 2022 y convertida rápidamente en un fenómeno editorial global con más de dos millones de ejemplares vendidos. El libro dio origen a una exitosa saga con varias secuelas. El filme es protagonizado por Sydney Sweeney y Amanda Seyfried.
Conversamos con Paul Feig sobre La empleada, un proyecto que representa un nuevo punto de inflexión en su carrera. El director habla sobre el reto de adaptar un bestseller tan popular y sobre la delgada línea entre entretener al público y llevarlo a un terreno profundamente incómodo.
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¿Cuál fue la decisión más impopular o arriesgada que tomaste en la película, aun sabiendo que no todos estarían de acuerdo?
La película se vuelve bastante extrema, especialmente en el tercer acto. Pero yo quería que el final fuera explosivo. Taxi Driver es una de mis películas favoritas y me encanta cómo se permite un cierre grande, casi desbordado. Sentí que aquí nos lo ganábamos, porque pasamos mucho tiempo engañando al espectador. El final es el momento de la retribución, cuando por fin se revela todo lo que estuvo oculto.
Cuando construyes tensión, ¿prefieres un ritmo rápido, lento o más instintivo?
Es curioso, porque la comedia y el suspenso funcionan de forma muy parecida. Ambas tienen un ritmo casi musical. Siempre he visto mis comedias como dramas, y luego buscamos las risas a partir de las reacciones extremas de los personajes. Aquí no se siente tan distinto, salvo que las apuestas son mucho más altas y el peligro es real. Eso es lo que más me atrae.
Tu lenguaje visual suele combinar elegancia y caos. ¿Cuál fue la primera regla visual que decidiste romper para que la casa tuviera su propia tensión?
Quería meter al público en un mundo que se sintiera hermoso y nada amenazante. Siempre digo que esta es una película de Nancy Meyers que salió terriblemente mal. Todo es luminoso, bonito, aparentemente feliz. A medida que la historia avanza, no cambiamos la casa, cambiamos la luz. Bajamos la intensidad, quitamos brillo, sin llevarlo a la oscuridad total. Cuando la película realmente se quiebra, usamos luz solar muy dura. No quería que las cosas pasaran en la sombra, sino en espacios expuestos, incómodos. El trabajo de John Schwartzman, especialmente con la luz en el ático, fue clave para generar incomodidad sin convertirla en una película de terror tradicional.
Eres conocido por tu instinto de casting y por crear grandes dúos femeninos. ¿Qué viste para saber que Sydney Sweeney y Amanda Seyfried debían estar juntas en esta película?
Soy fan de Sydney desde Reality. Cuando leí el guion, solo podía imaginarla a ella en el papel. En el caso de Amanda, el personaje en el libro es muy distinto, incluso físicamente. Pero nos gustó la idea de que Andrew tuviera un “tipo”, que ambas se parecieran. Además, Amanda tiene la capacidad de construir personajes complejos y difíciles con mucha profundidad. Brandon Sklenar llegó por recomendación de Blake Lively, que acababa de trabajar con él, y tenía razón: es extraordinario. Y Michele Morrone era perfecto; ya había trabajado con él antes y sabía exactamente lo que podía aportar.
En La empleada, el encanto es clave. ¿En qué momento deja de ser una cualidad y se convierte en un arma?
Todo está diseñado para desarmar al espectador. Me gusta empezar con estereotipos y luego ir quitando capas. Al inicio, todos parecen encantadores: Nina es la jefa perfecta, Andrew el esposo ideal, Millie parece frágil e inocente. Pero poco a poco esas capas se rompen. Primero te hacemos creer una cosa durante la primera mitad de la película y luego te quitamos el piso por completo. Ese proceso de engaño gradual es algo que me encanta explorar.
La historia juega constantemente con la percepción. ¿Qué tan delicado es manejar eso sin que se vuelva contraproducente?
Es muy delicado. No puedes irte demasiado lejos en ningún sentido. Por ejemplo, si Nina fuera cruel todo el tiempo, el público se preguntaría por qué Millie no se va. Pero ella alterna momentos de dureza con gestos de afecto, lo que la vuelve una persona dañada, alguien por quien Millie siente compasión… hasta que ya no puede más. Y además, Millie está ahí por razones más complejas, incluyendo sus sentimientos por Andrew.
Sueles jugar con el público, incluso contigo mismo. Aquí apareces brevemente en pantalla. ¿Qué disfrutas de ese gesto?
Siempre dudo si hacer cameos o no. Aquí surgió la oportunidad de mostrar una película mía antigua, I Am David, que fue la primera que hice. Pensé que podía funcionar como un guiño. Es un cameo un poco vergonzoso, pero me gusta hacerlo si no saca al público de la historia.
Tu filmografía está marcada por personajes femeninos complejos. ¿Qué nueva oscuridad querías explorar en esta película?
Quería subir el nivel de peligro. Algo más oscuro que A Simple Favor, que tiene un tono más campy. Aquí el material original es un thriller muy directo. El humor surge de lo extremas que se vuelven las situaciones. A veces te ríes como una forma de liberar tensión, pero el peligro nunca desaparece. Todo el tiempo estás caminando sobre esa línea.
Si el Paul Feig del inicio de su carrera hubiera leído este guion, ¿lo habría aceptado?
Creo que no. Tuve que llegar hasta aquí. Empecé con comedias que siempre vi como dramas contados con humor. Necesité aprender más del oficio para sentir que podía mantener mi voz en una historia que no es lo que normalmente se espera de mí.
Para cerrar, ¿cuál fue la pregunta más incómoda que esta película te obligó a hacerte como narrador?
Es una historia sobre el abuso, un tema muy serio. La pregunta era cómo tratarlo con respeto sin trivializarlo y, al mismo tiempo, encontrar dónde está la catarsis. Para mí, la respuesta fue la retribución: tomarnos el tema con total seriedad y permitir que el alivio llegue a través de cómo los personajes logran salir de ahí.
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