Entrevista a Gabo Ramos
Cortesía | El desaire película
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“Queríamos que la película fuera un manual de red flags”: Gabo Ramos

El director profundiza sobre El desaire, la cinta que reivindica la memoria de Rosita Alvírez sin victimizarla

Stivi de Tivi
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“Rosita Alvírez estaba sentada en su balcón, con su vestido colorado…” es uno de los versos de “El corrido de Rosita Alvírez”, canción arraigada en la memoria popular de Saltillo y que Gabo Ramos conoce desde niño. Años después, este corrido se convirtió en el punto de partida de El desaire, su ópera prima.

Tras una sólida trayectoria en cine, televisión, publicidad y formación de nuevas generaciones de cineastas, Ramos reúne su experiencia en una cinta filmada en su ciudad natal con talento local, protagonizada por Vico Escorcia, Guillermo Alonso y Joshua Okamoto. El desaire trae al presente esta icónica historia para mirarla desde otra perspectiva. Time Out México conversó con el director sobre el origen del proyecto, sus actores, su visión de Saltillo y el salto al largometraje.

Esta historia forma parte de la memoria popular de Saltillo. ¿Cómo fue el trayecto para convertirla en una obra cinematográfica?

Gabo Ramos: Dirijo el Epic Film Institute de la Universidad Carolina en Saltillo, la única escuela que ofrece la carrera de Producción Cinematográfica en todo Coahuila y donde actualmente tenemos más de 70 alumnos. Además de mi trabajo en comerciales, videoclips y series, pensamos que no había mejor opción que hacer un proyecto en Saltillo, retomar su famoso corrido y traer la historia a la actualidad. En el corrido, tristemente, se victimiza a Rosita; parece que ella tuvo la culpa de que la mataran. Nosotros quisimos darle la vuelta al discurso para dejar claro que no fue así. Creímos necesario actualizar la trama para conectar con la audiencia y que la película funcionara, de alguna manera, como un manual de red flags.

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Saltillo es prácticamente otro personaje en la película. ¿Cómo fue elegir las locaciones para la historia?

Gabo Ramos: Viví muchos años en Saltillo, ahí hice la secundaria y la preparatoria. Aunque ahora vivo en Monterrey —a 45 minutos de distancia—, cada vez que pasaba por algún lugar de Saltillo pensaba: "Esta locación está increíble para una película". Ya tenía un catálogo de lugares en mi cabeza. Al escribir el guion, pensé directamente en ellos; por ejemplo, la escalinata con la florería abajo y la casa arriba, destacando el esfuerzo diario de subir y bajar. Así, la ciudad se vuelve un personaje más.

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Llevas tiempo formando cineastas. ¿Qué has aprendido de la docencia que haya cambiado tu manera de hacer cine?

Gabo Ramos: Las nuevas generaciones tienen un lenguaje totalmente distinto. Son jóvenes a quienes no les da miedo tomar una cámara, que buscan contar historias en formatos nuevos. En la escuela hemos visto verdaderas joyas. Además, gracias a un convenio con Cinépolis, al final de cada cuatrimestre los alumnos presentan sus cortos en el cine junto a sus familias. Es una gran fiesta que nos permite descubrir la voz de cada uno.

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Tras años de trabajar en distintos formatos, llegas a tu primer largometraje. ¿Qué parte de tu visión como director apareció en El desaire que quizá no habíamos visto antes?

Gabo Ramos: Creo que El desaire es una película muy fácil de ver, sin mayor pretensión que contar la historia. Ese tono, quizá un poco melodramático, ayuda mucho a que la gente conecte y se vea reflejada. La mayoría de los dramas en México terminan siendo desaturados, sucios y oscuros, y la verdad es que la vida no es así, está llena de colores. Hay que llevar los dramas a estos entornos para que nos caiga el veinte de que, como sociedad, la estamos regando.

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