Saja Kilani no interpreta un personaje: sostiene una herida abierta. En La voz de Hind Rajab, la actriz y poeta palestina-jordana encarna a Rana, una operadora de emergencias de la Media Luna Roja que responde la llamada real de Hind Rajab, una niña atrapada en Gaza cuya voz, registrada en audio, se convirtió en una de las evidencias más estremecedoras del conflicto.
Dirigida por la cineasta Kaouther Ben Hania, la película se ha consolidado como uno de los títulos más impactantes de la temporada: celebrada en festivales internacionales, reconocida con premios y nominada al Oscar a Mejor Película Internacional. El filme cuenta además con Alfonso Cuarón, Joaquin Phoenix y Brad Pitt como productores.
Time Out México conversó con Saja Kilani sobre el peso emocional de encarnar a una mujer real y la responsabilidad de representar un dolor histórico sin traicionarlo.
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Durante la preparación, más que memorizar el guion… ¿Cómo entraste emocionalmente en el papel?
Ser palestina y conocer esta historia desde antes lo cambió todo. Durante las audiciones no nos dijeron de qué trataba la película, lo mantuvieron oculto. Fue hasta el siguiente llamado que entendimos el tema. En ese momento la respuesta fue inmediata: dije que sí sin pensarlo, porque sabíamos lo que significaba. Era un papel que había que honrar.
¿Has podido desconectarte emocionalmente de la película durante esta etapa de prensa?
Es difícil apagarlo porque esta historia existe dentro de la película… y también afuera. No es algo que puedas separar. Más que desconectarme, lo que entendí es lo importante que es vivir en un mundo donde podamos tener estas conversaciones. Durante mucho tiempo ni siquiera podíamos hablar de esto. El cine permite amplificar una voz que, en las noticias, suele ser silenciada. Por eso no quiero apagarlo. Emocionalmente puedo protegerme, pero no puedo separarme de la importancia de alzar la voz.
Tu personaje trabaja en un centro de llamadas. Tienen que mantenerse fríos, pero es imposible no involucrarse. ¿Cómo construiste eso?
Hablé directamente con Rana, la mujer real a la que interpreté. Me pareció muy valiente que ella lidere con el corazón. Rana es jefa de comunicaciones y es una mujer fuerte, pero lo que le da esa fuerza es su capacidad de ser vulnerable y, aun así, hacer su trabajo. Hasta el día de hoy sigue atendiendo casos como el de Hind.
Lo que hace distinto este caso en particular es que existe la grabación y el archivo; hay una prueba, un testimonio. Imagina conectar con alguien y luego no poder salvarlo. Trabajas en situaciones imposibles. Sabes que el desenlace no está en tus manos, pero aun así eliges presentarte cada día. Eso es verdadera fuerza.
¿Qué tan importante es para ti, como palestina, sentirte vista en pantalla?
Una historia como la de Hind se habría perdido en el ciclo de noticias. Pero aquí estamos, dos años después, hablando de ella. Eso demuestra por qué el cine importa. También lo hemos hablado entre actores: queremos ser vistos por más cosas, no solo por el trauma y la guerra.
Somos un pueblo alegre. Incluso en Gaza la gente encuentra formas de celebrar. Nos casamos, hacemos bodas enormes… es parte de nuestra vida, de un modo muy parecido a la cultura mexicana. Hoy en día, las historias que necesitan espacio para respirar son precisamente aquellas que están siendo negadas o borradas. Por eso hay que contarlas.
¿Qué tipo de historias siguen siendo necesarias para que quienes toman decisiones entiendan la realidad palestina?
Hay que desmontar estereotipos, no solo sobre los palestinos, sino sobre los árabes en general. Durante mucho tiempo, el cine se escribió sobre nosotros, pero no desde nosotros. Ahora se nota la diferencia cuando contamos nuestras propias historias. Por primera vez en la historia de los premios Oscar, cuatro películas árabes fueron preseleccionadas… y tres de ellas eran palestinas.
Hay que invertir en cine independiente que provenga de la región y que sea escrito por la región. No historias que "cumplan con una cuota", sino historias reales que respiren. Que esta película se proyecte en lugares como la ONU o el Parlamento británico, donde se toman decisiones, es vital. Solo puedo esperar que eso cambie perspectivas.
El cine tiene algo mágico: puede mantener viva a una persona. ¿Has pensado en eso?
Sí. De hecho, yo estaba nerviosa de que Rana viera la película. Cuando lo hizo, me dijo algo que nunca voy a olvidar: “Fuiste una embajadora de mis sentimientos”. Ahí entendí lo que significa darle vida a un personaje y saber que esa vida queda para siempre. También comprendí la responsabilidad que implica. La voz real de Hind Rajab, a través del cine, no es que “vuelva a la vida”, es que, sencillamente, sigue viva y ahora existe en un lugar del que, de otro modo, habría desaparecido.
Espero que su voz siga siendo una prueba de la injusticia y de lo mucho que necesitamos luchar. Su voz es poderosa y valiente. A una edad tan temprana, demostró ser mucho más madura de lo que debería. Muchos niños en Gaza y bajo ocupación se ven obligados a madurar demasiado pronto. Me alegra que el mundo, por fin, la esté escuchando.

