SALVADOR ZERBONI.
Foto: Cortesía
Foto: Cortesía

Salvador Zerboni: del villano de La reina del sur a la cocina de Top Chef VIP en Telemundo

El mexicano enfrenta un nuevo reto en la cuarta temporada de Top Chef VIP, donde 20 celebridades compiten por 200 mil dólares.

Stivi de Tivi
Publicidad

Salvador Zerboni se ha consolidado como uno de los actores más reconocidos de la televisión mexicana. Desde sus inicios en telenovelas como Abismo de pasión o Por amar sin ley, hasta su consagración como uno de los villanos favoritos del público en La reina del sur, su intensidad y carisma lo han convertido en un rostro inolvidable de la pantalla chica.

Hoy, Zerboni sorprende con una faceta completamente distinta: la cocina. Como parte de la cuarta temporada de Top Chef VIP en Telemundo, el actor se enfrenta al reto de mostrar talento, disciplina y creatividad en un terreno nuevo. En esta edición compiten 20 celebridades por un premio de 200 mil dólares, con eliminaciones cada lunes y jueves. Ya han quedado fuera figuras como Héctor Sandarti, y hasta Elvis Crespo, quien decidió abandonar voluntariamente el reality. Mientras tanto, Zerboni continúa en la contienda, sumando aplausos, momentos virales y hasta algún tropiezo con la licuadora.

Platicamos con Salvador Zerboni sobre este reto en su carrera. Top Chef VIP transmite nuevos episodios de lunes a viernes y domingos, en exclusiva para México y Latinoamérica a través de Telemundo Internacional.

No te pierdas: Las 50 mejores cosas que hacer en la CDMX

¿Qué ingredientes de tu personalidad te pueden dar ventaja en este reality?

Yo creo que mi lado picante. Me gusta la comida especiada y eso dice mucho de mí: los sabores fuertes y amargos, como yo.

Tanto en la cocina como en la vida, existe este componente de la presión. ¿Cómo manejas el tema de la presión en Top Chef VIP?

Es una gran pregunta. La presión es algo que nos juega en contra a todos los seres humanos y, realmente, para controlarla debes tener experiencia en el campo en el que estás, ¿no? Por eso mismo yo te puedo presentar una obra de teatro ante cinco mil personas o en foros grandes, que es lo que acostumbro hacer. Eso me encanta, me apasiona y nunca me pongo nervioso.

Pero aquí no tengo esa experiencia: entre que se me queman las lentejas, que me corto un dedo, que me quemo con el horno y que tengo un juez diciéndome que ya se va a acabar el tiempo… ¡No sé qué hacer! Hay un mercado que tenemos abierto y es divino: imagínate un mercado donde no tengas que pagar. ¿A poco no sería el sueño de cualquier latinoamericano? Entonces quieres agarrar todo y eso te juega en contra, porque luego no te da tiempo de hacerlo todo.

Así que hay que controlar un poquito tu inteligencia emocional. Ese es el único consejo que puedo dar, aunque no es sencillo. Yo creo que la mayoría estamos tratando de hacerlo. Algunos son expertos y con ellos no me meto, pero a mí me cuesta mucho trabajo… aunque también me emociona.

¿Reconoces que es un reto para ti?

Hace mucho que no encontraba algo que me costara tanto trabajo, y cuando algo me cuesta, me enamoro más. Me apasiona porque quiero perfeccionarlo: tanto el proyecto —que en este caso es cocinar— como a mí dentro de una cocina. Muchos disfrutan ver los platillos servidos en la mesa, pero pocos saben lo que significa estar detrás, con esa presión tan complicada. Y somos pocos los que podemos aguantarla.

Ya que mencionas la inteligencia emocional, ¿cómo abordas cada desafío?

Pues mira, la competitividad sana existe y me encanta. Yo soy una persona que siempre juega con honor. Soy atleta desde niño: fui campeón nacional de 100 metros, he hecho deportes extremos toda mi vida, y la disciplina del deporte me ha sacado adelante de todos los vicios y malos pasos. Eso siempre lo voy a presumir y quiero que la gente también lo adopte.

La competencia sana sí existe, pero al rodearme de gente con distinta educación, nacionalidad, ética y moral, me doy cuenta de que mi forma de pensar es muy romántica y poética, pero aquí no es la realidad. Hay quienes están dispuestos a pisar al prójimo por dinero o por fama. Entonces, hay que tener cuidado.

Recuerda que en Top Chef VIP no todo se vale… pero muchas cosas sí se valen. Aquí hay gente que te va a intentar “echar la sal” —y no hablo en metáfora—: de verdad pueden meterse con tu comida, robarte ingredientes del mercado o negarte arroz para que no completes tu plato.

Tú eres el rey de los villanos, pero ¿cómo te va cuando te encuentras con algunos en un reality de competencia?

La palabra “villano” me encanta porque he sido villano toda mi vida. Ser villano es cuando se te acaba la paciencia y dices la verdad. El problema es que no todos están listos para escucharla. Cuando alguien se incomoda, busca tumbar tu nombre, ensuciarlo, y al final uno queda como villano.

Yo a veces no aclaro las cosas porque creo que quien lo hace es porque tiene necesidad de quedar bien, y yo no la tengo. No ocupo validación de nadie. Yo soy yo, me gusta ser yo. Me vendo como actor y eso es lo que mejor sé hacer. Me encanta que a la gente le gusten mis proyectos y que crean que soy un villano. Eso es un elogio, porque piensan que soy “malo, malo de malolandia”, y a mí me divierte muchísimo.

En un reality como este, soy yo mismo. Obviamente hago mis travesuras como buen villano, pero creo que la calidad humana se refleja en lo que te inculcan desde pequeño: la educación que te dan tus padres. Eso se ve en cualquier proyecto, laboral o de entretenimiento. Ese es un villano bonito de verdad.

Pero aquí no solo hay villanos. Hay gente mugrosa, mala, sin ética ni moral, ni conciencia. Y eso también lo van a ver en Top Chef VIP: para que ustedes decidan qué personaje les gusta más, qué personalidad prefieren. Yo creo que la luz sale para todos… bueno, para casi todos. Eso lo decidirán ustedes, los espectadores, el público amante de Telemundo y de Top Chef VIP.

Recomendado
    Noticias más recientes
      Publicidad