El baile de los 41
Foto: Cortesía Netflix

Alfonso Herrera: La película es una gran baile

Platicamos con el protagonista de El baile de los 41, película de David Pablos que ahora está disponible en Netflix

Por Stivi de Tivi
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La plataforma Netflix acaba de subir a su catálogo la película mexicana El baile de los 41, que dirige el cineasta David Pablos (Las elegidas). La cinta está basada en un hecho real que data de principio del siglo XX en la Ciudad de México, justo cuando Amada, la hija del presidente de México, Porfirio Díaz, se acaba de casar con Ignacio de la Torre. Él es un hombre que oculta su homosexualidad y por las noches se escapa a un club privado en donde los hombres desataban sus más oscuros deseos. Una noche ocurre una redada en el club, y así se desubren a 19 hombres vestidos con ropa femenina; mientras otros simplemente se besaban.

Este hecho se convirtió en escándalo, y fue la primera vez que los periódicos mexicanos hablaron de hombres homosexuales. He ahí su trascendencia y la importancia de que esa historia llegue al séptimo arte.

El filme El baile de los 41 es protagonizado por Alfonso Herrera, quien interpreta a Ignacio de la Torre y platicamos con él sobre su trabajo y la homofobia.

¿Qué significa para tu carrera este personaje?
Punto número uno, la posibilidad de trabajar con David Pablos, porque es un director que admiro enormemente, mucho antes de trabajar con él. Recuerdo cuando vi la película Las elegidas en 2016 y me encantó, me pareció una de las piezas claves del cine mexicano reciente, por lo que poder trabajar con David fue algo que no pude rechazar.

Por otro lado, poder interpretar a Ignacio o crear una lectura de lo que pudo ser este personaje fue increíble, porque pocos actores querían entrarle a este toro y yo dije: ¡va, hagámoslo! Hablo también por David, por todos los involucrados y yo, que no queríamos reivindicar a Ignacio, queríamos mostrar los claroscuros de este personaje y mostrar a ese personaje que le encantaba el poder, ir escalando en las esferas de este país y al mismo tiempo tenía otra vida que escondió o invisibilizo dentro de él. Fue espectacular interpretarlo.

Qué bueno que mencionas los claroscuros de Ignacio porque justamente es un personaje que no siempre cae bien.
Eso me gusta. Cuando tienes una dirección que permite que un personaje viva, respire y sea tridimensional, es increíble. Me encanta que no sean respectivamente blanco y negro, y que los roles cambien conforme va avanzando la película. De repente empiezas a entender más a Amada y a odiar a Ignacio como la vida misma.

En México decir quiero ser actor, cantante o algo involucrado con el arte hace que los hombres mexicanos se sientan intimidados. Para hacer menos a esa persona, muchos atacan diciéndole: joto, maricón y cosas por el estilo, ¿cómo te has enfrentado a estos señalamientos?
Mira, a mí me han encasillado de tantas formas que ya ninguna me sorprende. Ya las agoté todas, entonces yo lo veo como una posibilidad para diversificarme (ríe). Pero me parece importante que existan contenidos como este, para darle una representación a la comunidad LGBT+. Aunque ahorita estamos hablando de un personaje gay, también debemos plasmar historia de bisexuales, trans, de todos.

Cuéntame de la escena del baile, el momento cumbre de la película, ¿cómo fue filmarla?
Fíjate que algo que admiro mucho de David es que tiene un emplazamiento y cada cuadro lo cuidaba como si fuera la película entera. ¿Sabes qué admiro bastante de este proyecto? Que aquí no están obsesionados con los close-up. La toma es importante y el movimiento de cámara también, si la cámara es un steady u otra es porque quieren decir algo. Había una sincronización con los actores, las luces, las cámaras y el audio. Era un ballet en el set.

¿Y la escena de las tinas (orgía)?
También fue otro ballet porque es una secuencia sumamente larga... mantener la cámara durante tanto tiempo y venía acompañada de sonido. Entonces ahí los actores debíamos de seguir bien los trazos, porque si la cámara se adelantaba, teníamos que darle la vuelta a la cámara de manera rítmica. Era una danza en el set. La película es una gran baile.

Al crecer, en la escuela, tenía miedo de que en la lista del salón me tocara ser el número 41, porque en Guadalajara era el número maldito y si te tocaba, todo el año te molestaban de las peores maneras. Con el tiempo le fui perdiendo miedo, como el tapatío que eres, ¿también te enfrentaste a esto?
La película de alguna manera no intenta educar a las personas, solo entretenerlas. Si en ese viaje pueden llevarse algo, me parece maravilloso, pero efectivamente el número 41 ha sido y tiene una connotación bastante peculiar en nuestra sociedad. Años atrás, cuando estaba en Guadalajara, jugaba futbol americano y tenía como nueve años, recuerdo claramente que estaban repartiendo las camisetas y de repente a uno le salió el número 41 y todos gritaron como si hubiera salido el demonio. En ese entonces yo no entendía el significado. Con el tiempo entendí que la única manera de tener sociedades empáticas es apoyando y teniéndole respeto a prácticamente todos los seres humanos que se te topen, por esa razón le perdí miedo al número.

¿Qué opinas de que algún sector de la comunidad LGBT+ atacó a la película cuando salió en cines? Decían que era una historia gay hecha para un público heterosexual.
Me parece respetuoso, el simple hecho de hacer una película es generar opiniones y eso me parece una maravilla. La gente está comentado y opinando, y todo eso es bienvenido. Todos serán escuchados. Qué bueno que nazcan esas conversaciones.

 

El baile de los 41. Dir. David Pablos. Con Alfonso Herrara, Emanuel Zurita y Mabel Cadena. Disponible en Netflix.

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