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Entrevista con la coreógrafa Mariana Arteaga

Platicamos con la también bailarina sobre la importancia de la pelvis en la danza queer

Foto: Alejandra Carbajal

La sensualidad es un germen para iniciar la liberación del cuerpo. De acuerdo con la coreógrafa y bailarina Mariana Arteaga, “persiste la actitud física de constreñir el área de la cadera y el culo”.

Más que un tema de educación del esfínter, Arteaga considera que “apretar el ano es una forma de control social”, debido a que es una señal de la normatividad impuesta para ocultar lo sensual y lo erótico. Es una huella de la opresión y la colonización en las corporalidades.

Especialista en el trabajo con el cuerpo colectivo y el espacio público, sus obras más recientes son Úumbal: coreografía nómada para habitantes y una colaboración en el diseño corporal de la pieza de teatro Nada siempre, todo nunca, del Colectivo Macramé.

Mariana Arteaga concibe el acto de bailar como un acto político. Por eso denominó “insurrección pélvica” a una estrategia que ha implementado en sus investigaciones actuales.

Foto: Alejandra Carbajal

“Un primer acto de rebelión es gozar el propio cuerpo”, afirma, pues hemos sido educados para estar en conflicto con él. “Relajar la nalga, abrir el ano y trabajar la cadera forman parte de un proceso de liberación que invariablemente debe comenzar por lo físico. Esa zona de nuestro cuerpo, por ser la zona que da vida, es fundamental liberarla para crear vínculos sociales.”

Según Arteaga, gozar el cuerpo y bailar es una forma de rebelarse contra el sistema. Es ejercer la sensualidad contra el sistema. “El gozo corporal funciona para quitarle tiempo a la productividad. Algo que va contra los intereses del capitalismo.”

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