VIH EN LA CIUDAD:Larry Kramer;
Foto: Cortesía HBO Latam

VIH en la Ciudad: El regreso al corazón normal

Regresémosle a la furia ese impulso que tiene para poder resguardarnos, alejarla de aquel discurso en el que está mal enojarse y poner límites...

Ro Banda
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Ro Banda
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Últimamente pienso mucho en Larry Kramer; ése hombre que a inicios de los 80s vio a sus amigos morir y reaccionó con enojo y furia hacia el estado, acusándolos por su lenta respuesta hacia  lo que, en ese entonces, se pensaba era una especie de plaga que “sólo les daba a los gais”.

Larry era esa persona que no temía en decirle a los otros lo que estaba sucediendo. De hecho, antes de ser ese aguerrido activista que conocemos ahora, Larry se echó encima a toda la comunidad de homosexuales de Nueva York al criticar sus modelos relacionales basado en el sexo y el consumo de sustancias. Luego, pasó a defender esas mismas prácticas cuando - en medio de lo que después sabríamos era la crisis del sida- les pidieron a los hombres gais que dejaran de tener sexo en lugar de contener, lo que hasta la fecha es una de las epidemias más grandes en las que seguimos viviendo.

Muchas de estas discusiones y toda esta travesía está en The Normal Heart; ese casi documento histórico escrito primero como una obra de teatro, y luego perpetuado en una cursi versión fílmica (de la mano de Ryan Murphy) que sirvió como herramienta de incidencia a principios de la epidemia.

Con el paso del tiempo, El corazón normal ha ido cobrando fuerza en la realidad que retrata y en el discurso que replica. Y es que no sólo se trata de una historia llena de coraje, sino de verdades puntuales sobre la persecución y la opresión de las autoridades (en ese entonces y ahora)  a las poblaciones clave de una emergencia sanitaria como la que vivimos hace 4 décadas y como la, que justo,  estamos viviendo ahora con el Monkeypox: un subsecretario de salud que  no tiene las agallas de aceptar la gravedad de una emergencia sanitaria y dónde parece ignorar a sus poblaciones más afectadas,  al tiempo que los colectivos de hombres gais y hombres que tienen sexo con otros hombres quieren desafanarse de la información pública que los focaliza en esta problemática por miedo a la estigmatización.

Esto pasó en Nueva York a principios de los 80, y pasa ahora en México, en pleno 2022.  Por eso, últimamente pienso en Larry, ese hombre iracundo que fue llamado "loco”, y que se valió de la organización civil para exigir e incidir hasta lograr accesos a la información e incluso, lograr ese gran avance que resultaron los antirretrovirales que ahora nos hacen indetectables. 

Para el Dr. Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas en EEUU, hay un antes y un después de Larry Kramer.  De hecho, dijo en la reciente Conferencia del Sida en Montreal que si algo tuviera que hacer ante los brotes de monkeypox recientes es incluir desde el principio a activistas y sociedad civil, cosa que no se hizo en la crisis del sida.

De hecho, fue en esa misma Conferencia del Sida en Montreal que la ONU, presentó su informe titulado In Danger, en el que advierte que la respuesta mundial a la pandemia de VIH cayó en todo el mundo, como consecuencia del COVID-19; debido a que han relajado las estrategias de detección y prevención.  Esto ha ido retrasando la erradicación de detecciones planteadas al principio para el 2025 y ahora para el 2030, lo cual parece que tampoco se va a ser posible. 

En América Latina, la pandemia sigue concentrada en hombres que tienen sexo con hombres (HSH). En el último año, 110 mil adquirieron VIH tan sólo en nuestra región. Desde el 2010, los casos de VIH aquí, aumentaron 5%, aunque las muertes por causas relacionadas con el sida disminuyeron 28%, gracias al acceso al tratamiento. Cabe mencionar que América Latina casi no recibe fondos internacionales para VIH.

En ese tenor, hay que recordar que en México, los fondos gubernamentales que apoyaban a las asociaciones civiles y grupos comunitarios fueron retirados hace un par de años por la administración federal.  Lo cual no ha parado ni frenado los trabajos comunitarios.  Son, de hecho, estas instancias las que han dado respuesta inmediata a la energía sanitaria del monkeypox en nuestro país, a través de información, exigencia de detección oportuna y buscando llegar a la única forma de prevención que es la vacunación.

Así que cuando digo que últimamente pienso mucho en Larry Kramer, lo digo desde el punto en el que su escenario y el nuestro, aunque distantes, no son muy distintos. Volver al corazón normal es tener presente su lucha, pero también es tener en cuenta que la persecución y el escarnio hacia las poblaciones disidentes, y aún entre nosotras mismas, sigue sucediendo porque fuimos diseñadas para odiar lo diferente que somos, incluso entre nosotras mismas. 

Larry pasará a la historia como ese ser que incidió, o que resignificó, la furia, aunque muchas veces fue invalidado desde el ya conocido discurso de: "esas no son las formas".  Pero en defensa del enojo, es el mismo Kramer quien dijo: "Nuestra existencia depende de cuánto nos enojemos; si no peleamos por nuestras vidas, moriremos… Si mi discurso no los hace morirse de miedo, tenemos un gran problema. Porque sin la ira, furia, rabia y acción, las disidencias no tenemos futuro en la tierra."

Aquí la pregunta, entre la lenta respuesta al VIH y el desinterés de las autoridades ante el monkeypox, es: ¿cuánto tiempo hace falta para enfurecernos, para cuidarnos y protegernos entre las personas LGBT y con VIH?

Regresémosle a la furia ese impulso que tiene para poder resguardarnos y ponernos a salvo, alejarla de aquel discurso en el que está mal enojarse y poner límites. Ser más Larry, más corazón normal, más disidencia en peligro de extinción.  Dejar de sobrevivir y empezar a vivir.

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