1. Palacio de Bellas Artes  (Foto: Alejandra Carbajal)
    Foto: Alejandra Carbajal
  2. Palacio de Bellas Artes  (Foto: Mattza Tobón)
    Foto: Mattza Tobón
  3. Palacio de Bellas Artes  (Foto: Mattza Tobón )
    Foto: Mattza Tobón
  4. Palacio de Bellas Artes  (Foto: Mattza Tobón)
    Foto: Mattza Tobón
  5. Palacio de Bellas Artes  (Foto: Mattza Tobón )
    Foto: Mattza Tobón

Reseña

Palacio de Bellas Artes

5 de 5 estrellas
Conoce la historia del emblemático edificio edificio del Centro Histórico de la CDMX. También te decimos qué ver en el Palacio de Bellas Artes.
  • Museos y centros culturales
  • Cuauhtémoc
  • Crítica de Time Out
David Camargo
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Time Out dice

Para hablar del Palacio de Bellas Artes debemos trasladarnos al siglo XIX. En ese entonces, el Teatro Nacional fue remodelado con motivo del crecimiento cultural de la Ciudad de México, y ligado a los festejos del centenario de la Independencia de México se construyó un palacio de mármol que ahora es uno de los 50 lugares que debes visitar al menos una vez en la CDMX.

Su historia
Recordemos que el entonces presidente de México, el general Porfirio Díaz, tenía cierto interés por afrancesar la Ciudad de México y la construcción del Palacio de Bellas Artes no libró esta tendencia. Lo curioso de este punto, es que Díaz recurrió a un arquitecto italiano para conseguirlo: Adamo Boari. Como parte de la técnica que estaba de moda, el art nouveau (arte nuevo), Boari utilizó acero y concreto en la construcción del esqueleto, para posteriormente revestirlo con mármol.

Se tenía contemplado un máximo de cuatro años para la construcción, pero debido a que el terreno se comenzó a hundir se retrasó la obra. Posteriormente, en 1910, hubo otro motivo para detener los planes: el estallido de la Revolución mexicana, que hizo que el proyecto se parara indefinidamente. En 1928 se retomaron las obras con Fernando Mariscal como arquitecto, quien sustituyó el estilo art nouveau por el art déco, con la implementación de materiales como el ónix y el mármol. 

En 1932, el entonces secretario de hacienda Alberto J. Pani impulsó la idea para que fuera terminado por completo y así se transformara en un foro dedicado a las artes escénicas y plásticas en la Ciudad de México. Fue a partir de ese momento que el Teatro Nacional tomó el nombre de Palacio de Bellas Artes.

Como dato curioso, las esculturas colocadas en la plaza que se encuentra frente al recinto, diseñadas por el catalán Agustín Querol, originalmente fueron colocadas sobre el cubo de la sala principal del Palacio de Bellas Artes. Cuando la obra fue suspendida, estas representaciones de Pegaso volaron a Palacio Nacional, entre 1921 y 1928. Después, cuando Ignacio Mariscal fue el responsable de concluir el proyecto, detectaron un error de diseño que impidió que las colocaran nuevamente en su lugar original, así que se quedaron afuera.

Más allá de los murales de Diego Rivera
El Palacio de Bellas Artes es famoso no solo por su bella arquitectura, sino por su acervo: alberga 17 murales de artistas nacionales que se elaboraron entre 1928 y 1963. Entre los murales se encuentran El hombre controlador del universo (1934) y Carnaval de la vida mexicana (1936) de Diego Rivera; La Katharsis (1934) de José Clemente Orozco; La nueva democracia (1944) y Tormento de Cuauhtémoc (1951) de David Alfaro Siqueiros; La piedad en el desierto (1942) de Manuel Rodríguez Lozano y otros tantos.

Todas las obras de arte arriba mencionadas son de gran valor histórico. Y también son motivo suficiente para que todo visitante y habitante de la Ciudad de México que desee conocer más acerca de los muralistas de nuestro país, debe considerar al menos una visita al Palacio de Bellas Artes.

Por si el legado de los muralistas no fuera suficiente, el palacio de mármol también alberga al Museo del Palacio de Bellas Artes, del INBAL (antes INBA). Este museo ha permitido que veamos en la Ciudad de México exposiciones como: El París de Toulouse-Lautrec, El París de Modigliani y sus contemporáneos, la controversial Emiliano Zapata después de Zapata, Louise Bourgeois: petite maman y Rojo mexicano: la grana cochinilla.

Y como buen espacio dedicado a las bellas artes, no podían faltar las áreas dedicadas al teatro, la danza y la ópera. Por eso, este palacio cuenta con tres salas; Manuel M. Ponce, Sala Adamo Aboari y la principal, siendo este último teatro el lugar por excelencia para disfrutar de óperas, música de cámara y obras de teatro.

De esta forma, el edificio —con su cortina de cristales diseñada por la casa Tiffany— se ha convertido en una de las mejores sedes para ver el trabajo de grupos de ballet como la Compañía Nacional de Danza y el Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández.

Ya sea para apreciar solo por fuera los primeros trazos de Adamo Boari, entrar para recorrer sus pasillos, disfrutar de las exposiciones que alberga en su museo o gozar grandes espectáculos en su sala principal, este edificio de la Ciudad de México es realmente lo que sugiere su nombre: un palacio —bellísimo— para las bellas artes.

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Detalles

Dirección
Juárez s/n
Centro
Ciudad de México
06050
Esquina con
Eje Central Lázaro Cárdenas
Transporte
Metro Bellas Artes. Metrobús Bellas Artes.
Precio
Museo $70, domingos gratis
Horas de apertura
Mar-dom 10am-6pm

Qué ocurre

La sílfide y el escocés

Hay noches en las que el Palacio de Bellas Artes se siente especialmente mágico. El murmullo del público baja el volumen, las luces se apagan lentamente y, antes de que el telón se levante, ocurre algo casi mágico: la orquesta afina. Ese instante marca el regreso de una tradición que no sucede todos los días. En 2026, uno de los ballets más queridos vuelve a ocupar el escenario más emblemático de México con una nueva temporada que tendrá música en vivo, cuerpos en movimiento y una historia que nació hace casi dos siglos: La sílfide y el escocés.   No te pierdas: Obras de teatro y danza gratis que puedes ver en la CDMX La sílfide y el escocés: romanticismo, deseo y lo imposible La Compañía Nacional de Danza inaugurará el año con una temporada de ballet clásico en el Palacio de Bellas Artes, apostando por uno de los títulos fundamentales del romanticismo: La sílfide y el escocés. Y sí, varias funciones contarán con orquesta en vivo, un lujo escénico que transforma por completo la experiencia. Estrenado originalmente en 1832, este ballet es considerado uno de los pilares del ballet romántico. La historia sigue a James, un joven escocés que, la víspera de su boda, se ve seducido por una sílfide —una criatura etérea, imposible de poseer— y decide seguirla al bosque, abandonando su vida terrenal. El resultado es un relato donde el amor, la obsesión y la pérdida se entrelazan con una atmósfera sobrenatural. En esta temporada recupera el espíritu clásico del ballet, pero dialoga...
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