Carmen Cassandra es el nombre detrás de la cantante de Ciudad Juárez, KOKÔ CECÊ, quien destaca con su propuesta de pop electrónico con ritmos latinos. Ella crea un pop realista con un discurso que aborda la introspección.
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Su EP Bestias de Ciudad reveló sus primeras experiencias tras dejar su ciudad de origen para convertirse en capitalina. En esas canciones volcó las emociones de una joven con la ilusión de sembrar una carrera fuera de la frontera. El tiempo pasó y KOKÔ CECÊ ya no es la misma.
Después de una extensa batalla interna, más de un lustro tuvo que pasar. Al mirar atrás quedan recuerdos y rastros de aquel fuego. El resultado es Universa, su próximo álbum, que invita a reconciliarse con la sombra.
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Sus dos sencillos, “Claroscuro” y “Fiera” —en colaboración con el MC Tino El Pingüino—, muestran una etapa más madura de la cantante, en la que pretende abrazar el dolor, reconocerlo y convivir con él. El ser humano también vive de la adversidad.
Su pasión por la música fue heredada; esa sensibilidad es innata. Este disco es distinto a todo lo anterior. Universa aborda la salud mental y está dirigido a quienes buscan un refugio cuando lo que ven es oscuridad.
El próximo 17 de octubre saldrá Universa en plataformas digitales.
KOKÔ CECÊ encontró las palabras para decirle al mundo lo que siente: una reflexión sobre las neurodivergencias para acompañarlas y darles abrigo.
Qué gusto poder conversar sobre este nuevo proceso creativo y la etapa que enfrentas
Sí, pues ha sido un proceso, yo diría espiritual, psicológico y humano en el que, después de mucho tiempo, ya estoy viendo resultados.
Platícame de esa reconstrucción personal que te llevó a descubrir rincones y desempolvar emociones, cuando suelen ser difíciles de reconocer
Fue una exploración de rincones, de sótanos, de lugares que a veces no queremos ver y que cuesta reconocer. Justo eso pasó con este álbum. En 2020 perdí todo. Originalmente lo iba a presentar en el Lunario en 2019; estaba trabajando con una expareja y en ese inter se dio la separación. Ya sentía que la música no me funcionaba como refugio, que ya no era catarsis, sino algo que hacía por hacerlo. En ese proceso me di cuenta de que podía ser sanador, aunque no supiera cómo. También me permití explorar otra faceta: producir a otros artistas y crear desde otro lado. Sí, fueron cinco años de introspección y de descubrirme para tocar mis momentos más oscuros y luminosos.
¿Universa envuelve todo lo que conlleva vivir con autismo?
¡Órale! Es curioso. Cuando le compartí el disco a mi agencia, en una de esas pláticas alguien me dijo: “Está increíble, muy loco, como mezclas letras y texturas. ¿Eres neurodivergente?”. (Risas). Me saqué de onda y le dije: “Sí, tengo espectro autista”. Me contestó: “Yo lo sabía por la canción ‘Claroscuro’”. Y yo: “¿Cómo?”. Y me explicó: “Ahí hablas de sobreestimulación y de cosas que llevan a una crisis de autismo”. La verdad, yo no lo había visto así. No lo estoy pensando desde ese lado, simplemente es lo que me nace.
Te agradezco que seas tan sincera. Al final, con “Claroscuro” y con Universa muchos podrán identificarse, quizá reconocer que tienen alguna neurodivergencia y acompañarse con tus canciones
Quieras o no, es un privilegio. Hay mucha gente que no está diagnosticada y no tiene idea. Todavía estamos en pañales en cuanto a qué significa ser neurodivergente o tener autismo. Todo está basado en infantes, pero nunca en adultos. A mí me tardaron como cuatro años en diagnosticarme. Espero que en un futuro cercano tengamos más alcance al entendimiento de la salud mental.
Quiero pensar que este disco puede servir de refugio para encontrar un lugar en esta ciudad sobreestimulada
Por supuesto. La Ciudad de México es ruidosa, pero tiene sonidos únicos: el de los tamales, los camotes, los colchones. Todo eso lleva un contexto. No es como Nueva York, donde hay ruido pero nada se distingue. (Risas). En México no: cada sonido es único.
Como dicen, como México no hay dos. Hay música todo el tiempo
¡Exacto! Salvador Dalí decía que no se imaginaba otra ciudad tan surrealista como México. Basta con darte una vuelta al Centro y ves a Pikachú, a Iron Man en versión Temu. (Risas).
Universa nace de un duelo. ¿Cómo fue florecer ante el dolor y plasmarlo en un LP cargado de emociones?
En mi EP Bestias de Ciudad hablaba de lo que era salir de casa; arrastraba esa esperanza adolescente. Fue un EP muy añorable porque reflejaba ese sueño de hacer vida en la CDMX. Pero ya cambió: llevo diez años acá, ya no me siento foránea. Estoy en un proceso en el que me asumo capitalina. Ahora sí estoy viviendo la diversidad de México. Ya vi mucho hacia afuera, ahora toca ver hacia adentro. Antes echaba culpas, buscaba culpables. Hoy me pregunto qué pasa cuando estoy mal y eso arrastra a otros. Cuando mi tristeza afecta a los demás. Reconocer que tengo una oscuridad y mirarla de frente. Este disco retrata lo más real posible cuál era mi lado más oscuro.
