Con motivo del esperado regreso de la banda de Sheffield a los escenarios, tuvimos la oportunidad de platicar con su guitarrista, Mark Webber. El músico nos platicó sobre su especial conexión con el público mexicano y los secretos detrás de su nuevo libro de memorias, Yo estoy con Pulp, ¿y tú? (2026), una obra que desentierra la historia de una de las agrupaciones más singulares del pop británico desde la mirada de quien comenzó siendo su fan más fiel.
Antes de unirte a Pulp, eras fan. ¿Cómo descubriste a la banda?
Crecí en Chesterfield y solía frecuentar una tienda de discos independiente llamada Planet X. Un día, los chicos del lugar me recomendaron “Little Girl with Blue Eyes”, el nuevo sencillo de una banda de Sheffield. Me lo pusieron y me atrapó de inmediato.
¿Qué te llamó la atención?
Tenía solo 14 años, pero ya era fan del underground. Pulp tenía un violinista y su sonido era inusual. Me pareció increíble que una banda hiciera esa música a solo 12 millas de mi escuela.
¿Qué significaba Pulp para los jóvenes ingleses de la época?
Al principio casi no tenían seguidores. El valor estaba en que era una banda sumamente original, experimental y melódica a la vez. Cuando se volvieron masivos, Pulp se convirtió en el refugio y el símbolo de todos los que nos sentíamos diferentes.
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¿En qué momento dejaste de sentirte un fan y te sentiste un miembro oficial?
Fue gradual. Empecé tocando teclados y guitarra en los shows, lo cual era increíble, pero formalmente no estaba en la banda y era un poco frustrante. Luego empecé a componer con ellos en el cuarto de ensayo. Al ser un proceso colectivo, me integré de forma natural. Justo antes de que me lo pidieran formalmente en 1995, ya me sentía parte del grupo.
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Te uniste en el pico de su carrera. ¿Cómo fue esa locura?
Increíble. Ya sonaban en televisión y cada lanzamiento era más exitoso que el anterior. Cuando grabamos Common People, ya sabíamos que la gente la amaba en vivo. El resultado en el estudio fue un monstruo y sabíamos que sería masivo.
Con tanta fama, ¿cómo mantuviste los pies en la tierra?
Conservé a mis amigos de siempre. Además, Jarvis recibía casi toda la atención de los medios, lo que nos permitía al resto llevar una vida normal. Preferí mantener distancia de ese mundo vacío.
¿La excentricidad fue lo que los unió?
Sí. A diferencia de otras bandas que se forman porque a todos les gusta lo mismo, en Pulp todos veníamos con influencias completamente distintas. Eso hizo que nuestra música fuera extraña e interesante.
Uno de mis discos favoritos es This Is Hardcore. ¿Qué opinas de ese álbum hoy en día?
Es el disco donde mi contribución musical estuvo más enfocada. Aunque fue un proceso tortuoso para nosotros, el sonido es fantástico y envejeció muy bien. En cambio, con Different Class me pasó que me cansé de su familiaridad por años.
Pasaste años desconectado de la música. ¿Cómo recuperaste el entusiasmo?
Después de 2002 no quise saber nada de la música y me enfoqué en el cine; ni siquiera tenía instrumentos en casa. Me reconecté en 2012 durante el crucero de Coachella. Yo no quería ir, pero ahí descubrí a Father John Misty en su debut. Él revivió mi entusiasmo. Hoy descubro bandas como Big Thief gracias a los algoritmos de Spotify.
¿Cómo ha sido este nuevo regreso a los escenarios y al estudio?
Inesperado. Acepté porque mi hija creció con la vaga idea de que yo era músico, pero nunca me había visto tocar y quería mostrárselo. Los shows funcionaron tan bien que empezamos a componer sin presiones. Grabamos “Spike Island”, fluyó increíble y decidimos armar un álbum rápido. No buscamos una nueva carrera, la industria cambió mucho. Esto es un bonus.
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¿Qué objeto de tu libro tiene el mayor valor sentimental?
El maletín que usaba cuando fui mánager de gira de la banda entre 1991 y 1993. Al abrirlo para el libro, encontré notas, pastillas para el estómago y recuerdos intactos. Una cápsula del tiempo.
En tu libro hablas del show en México en 2012. ¿Qué recuerdas de esa noche?
Fue el show más largo de nuestra historia. No sabíamos que teníamos público en Latinoamérica y nos impactó ver a tanta gente. El audio del lugar era espantoso, parecía que tocábamos bajo el agua, pero el rugido del público y el enorme mercado de mercancía pirata afuera lo hicieron inolvidable. No queríamos bajarnos del escenario.
Para terminar, ¿tienes algún lugar favorito en la Ciudad de México?
El Museo Anahuacalli de Diego Rivera, es de mis favoritos en el mundo por su arquitectura. Para comer, me gustó mucho Baldío y una taquería tradicional llamada La Fe en Coyoacán, cerca de la Plaza Jardín Hidalgo. Hacen unas flautas fantásticas.
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