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¿Otro show de reunión? ¿Otro álbum de los 2000 que vuelve a girar como si no hubiera pasado el tiempo? Sí. Y no. Porque The Black Parade no es solo un disco de culto para exadolescentes con delineador. Es una pieza importantísima del rock del siglo XXI, una rareza ambiciosa y emocional. Y ahora que My Chemical Romance lo tocará completo en el Estadio GNP Seguros este 13 de febrero, vale la pena recordar por qué esté álbum marcó un antes y un después.
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Mientras el resto de la industria apostaba por hits de MySpace, MCR lanzó un álbum conceptual con intro, clímax y desenlace. The Black Parade tiene un protagonista —El Paciente—, un conflicto —la muerte—, y una estética tan definida que podría escribirle una tesis. En serio, esto no era común en plena era del MP3.
Gerard Way lo dijo, querían que este disco se sintiera como un viaje, como cuando escuchas “In the Flesh?” de Pink Floyd y sabes que estás a punto de entrar a otro mundo. Solo que en lugar de ladrillos, acá hay quimioterapia y marching bands fantasmas
No hay forma de negar el impacto del piano que abre la canción. En segundos, te transporta a un estadio, a un desfile, y te pone a gritar. Fue cinco veces platino y todavía la corean fans que ya pagan impuestos y tienen dolor de rodilla.
La producción corrió a cargo de Rob Cavallo, que ya había llevado a Green Day a niveles teatrales con American Idiot (2004). Pero acá no hubo ironía. The Black Parade es todo corazón roto y entrega total. Hasta Liza Minnelli canta en él.
Mientras otros buscaban sonar más crudos o más rápidos, MCR sacó inspiración de The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1972) y A Night at the Opera (1975). No se trataba de parecerse a nadie de su época, sino de entrar en otra liga. Y con el tiempo, lo lograron.
Uniformes de banda militar, maquillaje blanco y escenarios teatrales. The Black Parade no solo sonaba diferente, se veía diferente, casi cinematográfico.
Ni Three Cheers for Sweet Revenge (2004) ni Danger Days (2010) intentaron repetir esta fórmula. The Black Parade es un raro experimento dentro de su propia discografía. Uno que conectó con multitudes.
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