Sonoro (2025) es el álbum que reúne su sonido y evolución en estos XXX años. Sus diez temas combinan reggae, ska, hip hop, banda sinaloense y hasta corrido tumbado. A eso se aventó Panteón Rococó.
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En este décimo álbum de estudio, la banda reafirma que la música no tiene fronteras: todas resuenan al unísono en Sonoro. A su vez, funciona como un homenaje a los múltiples ritmos con los que comulga y donde la fusión de géneros con tintes de la música popular mexicana abanderan lo que es Panteón Rococó.
¿A qué suena la nueva etapa de Panteón Rococó?
Sonoro remonta a aquellos primeros discos de la banda, cuando en los noventa estaban marcados por los movimientos sociales que se convirtieron en detonante y musa para letras que hoy son estandarte. Y pareciera que no ha pasado el tiempo desde que crearon Panteón Rococó bajo el lema de grito, paz, baile y resistencia. Esos ocho músicos se transformaron en un sonido que todavía retumba en los recintos.
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Después de Infiernos (2019), retomaron fuerza creativa para incubar el disco que celebra la música y con el que consolidan su sonido con la mira de reinventarse. Fue producido por KC Porter —Santana, LFC— y Mike Pelanconi, productor británico referente del ska y reggae europeo.
Colaboraciones en Sonoro
Entre sus canciones destaca “Parison”, en colaboración con Carín León, Remmy Valenzuela, Sabino y LNG-SHT; ahí la tuba y el acordeón suenan fuerte. También está “Bier&Ska”, un relato de fiestón con slam incluido que pone a bailar a sus amigos.
Y como es costumbre, Luis Ibarra “Dr. Shenka” le canta a la vida y a la tragedia del capitalino. Sonoro es todo ese ruido que a veces abruma, pero también es el sonido de una ciudad que no duerme y que se convierte en música. Y canta: “Sonoro la calle, sonoro la risa, sonoro la calle”.
Un disco que baila con lo cotidiano, pero que reclama que la vida hay que vivirla, gozarla y celebrarla, tal como ellos lo hacen en estas tres décadas de andar por el ska.
Al final, este álbum enaltece la historia de Panteón Rococó, pero también tiende un puente al pasado y al futuro, para que nuevas generaciones coincidan algún día en un baile de ska con ellos.
