Juanpis González llegó a México y lo primero que dijo Alejandro Riaño —ya sin el personaje encima— fue que Juanpis se sintió entre conocidos. Y tiene sentido. En un país donde unos pocos acumulan casi todo mientras el resto apenas sobrevive, el heredero más incómodo de América Latina camina como si nada. Puede burlarse, puede meterse con quien quiera y nadie se sorprende.
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Cuando Riaño se quita el saco y los lentes, aparece otra persona. Nació en el privilegio, aunque aprendió rápido a cuestionarlo. Cuenta que creció con la idea de señalar lo que está mal y que le toca vivir en un mundo polarizado, desinformado y lleno de abusos. Y justo ahí nace Juanpis, como una exageración que sirve de espejo y también de cachetada.
El problema es que mucha gente abraza al personaje por las razones equivocadas. Lo imitan, lo celebran, lo ven como aspiración. Riaño lo sabe y por eso en sus primeros shows siempre se quitaba el disfraz al final, para dejar algo claro. El racismo, el clasismo, la misoginia y la xenofobia no son un chiste.
Chaplin decía que la comedia no se explica, pero cuando un personaje puede reforzar prejuicios, toca hacerlo.
Cuando le preguntamos qué haría Juanpis si fuera presidente de México por un día, nos dijo que repartiría la riqueza entre los suyos, igual que todos los demás. Habla de corrupción, de violencia, de impunidad y de cómo las élites de la región se parecen tanto que parecen una sola familia. Dice que es triste ver cómo se saquea un país entero para beneficiar a unos cuantos.
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Después de convivir con políticos, artistas y figuras públicas, Riaño ve el poder como algo que solo sirve para hacer el bien o para hacer daño. Explica que normalizamos cosas que no deberían ser normales, como el famoso roba pero hace, y que eso es lo verdaderamente peligroso en una región donde tantas decisiones dependen del capricho de unos cuantos.
Sobre el humor latino piensa que la comedia siempre ha sido crítica. Lo que cambió fue la velocidad. Hoy un sketch cruza el continente en minutos y eso implica responsabilidad. Desde su cuenta personal habla de medio ambiente, educación, salud y justicia social, porque sabe que lo que diga ya no se queda en un nicho.
Los Juanpis del mundo, dice, terminan quedándose con todo y no dejan nada bueno detrás.
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