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Reseña
Cuando se unen la imaginación y el conocimiento es cuando se dan verdaderos momentos Eureka. Probar un plato de cocina mexicana contemporánea y decir: "esta combinación no la vi venir y dio en el clavo" no ocurre todos los días. Luego de su experiencia en las cocinas Nómada en San Miguel de Allende o Casa Fernanda en Tepoztlán, los chefs Marco Cruz y Sofía Antillón llegaron a la CDMX para montar su cocina más personal, bajo la premisa de que no es necesario ir a un restaurante fine dining para toparte con ese tipo de hallazgos preciosos.
Bribona es un nuevo integrante de la San Miguel, reside en un patio alargado que comparte con otros proyectos gastronómicos. No hay manteles largos ni cubertería rimbombante sino un ambiente casual y un menú que Marco llama "fondining", inspirado en fondas y cocinas callejeras pero con el toque inesperado y creativo que ambos comparten.
Si en una visita varios platos te hacen detenerte es que se trata de un lugar que recomendaría a aquellos que gustan de preguntar y conversar sobre comida (¿todavía alguien dice “foodie”?). Pero vamos a lo que nos encantó: el maíz es el ingrediente central del menú, así que empezamos con el elote tatemado (el sello de la casa) y seguimos con el taco de asada, con chile poblano, col de bruselas al carbón y un menjurje verde de la casa, a la par llegó –mi favorita– la pescadilla ahogada cuya salsa picosita es un diez de diez. De ahí, nos fuimos con el colorido cevichito nice, con atún fresco, camote, vegetales y una abundante leche de tigre.
Lo que no debes dejar pasar son los postres de Sofía. De tres, no hubo ninguno que no quisiera repetir, siendo el más sorpresivo el plátano macho con crema de aguacate y mousse de chocolate.
Tip de Time Out: también hay desayunos y un menú de brunch los fines de semana.
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