[category]
[title]
Reseña
En japonés, "futari" significa dos personas. El lugar, creado por el chef Edo López, hace honor al plan, ya sea de probar su propuesta kappo con niguiris y otsumami (botanas), o de comenzar el día de forma rica, relajada y ligera con una carta de sandos y café.
Esta vez nos fuimos por lo segundo: a disfrutar de la vibra mañanera de Colima, una calle que, sin duda, está viviendo su momento protagónico. El plan consiste en sentarte en alguna de las mesitas a pie de calle (sí, solo caben dos personas o, en su defecto, tú y tu compu), pedir un sando y una bebida a base de espresso. Sencillo, pero cumplidor.
Acá, los sandos siguen lo que dicta la tradición japonesa: van en shokupan, se sirven sin corteza y los rellenos se acomodan con precisión quirúrgica para que, al momento de cortarlos por la mitad, queden dos partes perfectas para la foto. El resultado, gracias a ese pan que parece una almohadita, es un bocado suave, delicado y equilibrado.
Probamos el de jamón, pepino y wasabi, sutil pero también perfecto para convertirse en tema de conversación gracias a la mayonesa casera de wasabi, que aporta un toque dulzón, picosito y coqueto. También el de tamago, el clásico sando de ensalada de huevo, que mantiene esa misma delicadeza y equilibrio.
Para acompañar, la propuesta de Futari es la barra de café. Hay espresso, americano, flat white, latte y cold brew, aunque también encontrarás tés, sakes, cervezas y algunos cocteles.
Esta propuesta mañanera se antoja para pasar por un abracito antes de comenzar el día, para ponerte al corriente con alguna amiga o quedarte a trabajar un rato y sentir el movimiento de la zona mientras tú descansas en tu almohadita de shokupan.
Te recomendamos: Chopsticks, un omakase donde brilla la unión de Japón y México
Discover Time Out original video