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Reseña
Supongo que es normal pensar que, si un lugar intenta tener un poco de todo, en algo va a fallar. Pero Cruda demostró ser una excepción a la regla: aquí tienen café rico, pancitos y galletas, tres opciones para comer, productos para que hagas tu despensa y algunos drinks. Y, en una prueba de excelentes habilidades de multitasking, todo les sale bien.
Quizá la razón es que el eje central del proyecto está claro: productos orgánicos, de preferencia locales y, mejor aún, de amigos. Además, está dirigido y operado completamente por mujeres.
A Cruda se vale ir por un cafecito y trabajar un rato. Para esos menesteres, nuestras bebidas de la casa fueron el Flor de sal, que lleva caramelo, leche, miel, sal y café; y el Banana Costa Rica, ideal para quienes prefieren las bebidas dulces, con leche de plátano, hojicha y morusas de caramelo crocante.
La cosa se pone más interesante a la hora de comer. Acá la onda es la barra orgánica: pides un bowl (en dos tamaños diferentes) o una chapata y eliges cómo quieres prepararla. Escogimos el bowl, que tiene como base arroz o cuscús y una variedad de proteínas, como albondiguitas de pollo o res y bolitas de falafel; verduras, como ensalada de papa, pepino o zanahoria, y toppings crocantes, como cebollita, cereales o pepinillos. Además, tu elección viene acompañada de agua con refill. Es en la barra donde el concepto toma fuerza: todos los insumos son orgánicos, algunos provienen de Arca Tierra y de un huerto que tienen en la terraza.
También hay algunos traguitos para aligerar el día, que, ¿por qué no?, puede comenzar a las 11 de la mañana con el servicio de martinis (diga sí al day drinking). Pero también hay opciones con su alipús, aunque más ligeras, como el vino de la casa, elaborado por Silvana Pijoan, o la hidromiel de Cosaco, hecha en colaboración con la chocolatería La Rifa.
Cruda es la almohadita que necesitábamos: un proyecto sin complicaciones, enfocado en nuestra salud, responsable con su entorno y dirigido y operado por gente real que comparte nuestras preocupaciones.
Sí es posible comer rico, sano y suficiente en la Roma. Y, por encima de todo Cruda es un lugar en el que todas podemos sentirnos seguras y en confianza. Me gusta pensar que modelos de negocio como este, hechos entre amigas y con una intención clara, son los que predominarán en el futuro.
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