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Reseña
La chef de Plonk, Flor Camorlinga, acaba de estrenar un concepto de cocina callejera asiática al que nos bastó una sola visita para querer volver. El menú es muy pequeño y todo se sirve en cajitas de cartón para llevar.
La cocina ocurre en un espacio chiquitito; distinguirás la entrada porque simula un agujero en un muro, con un interior súper oscuro, 2 barras para sentarse y mensajes en chino en los rincones.
El menú parte de dos bases, arroz golden (arroz frito con vegetales) y -si nos preguntas, la verdadera joyita- el fideo Lomein. Unos fideos rojos con bok choi, zanahoria y ejotes con el punto agridulce justo para volverse adictivos.
A partir de estas bases puedes agregar distintas proteínas: pork belly agridulce, pollo kung pao, etc. Nos fuimos por las brochetas de cerdo con mandarina y chile morita y unos sorprendentes cubos de tofu frito. Sabores potentes e ingredientes de calidad que juegan con influencias de diversas regiones de la China contemporánea o el sureste asiático. Si te falta algo más para compartir, vete por los delicados wonton en aceite de chiles y habanero.
En el lado de las bebidas, pedimos la única opción fuera de cerveza o agua que era un té de jazmín con fruta. Nos quedaron a deber con un par de opciones más, quizás un té helado o caliente sin jugo. En general es una propuesta que va al grano, aprovecha bien el espacio y para la zona tiene una gran relación calidad-precio.
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