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Reseña
Apunta esta casona cerca de Reforma para traer a tus amigas, a tus tías o a tus sobrinos. Dukkah tiene algo para cada momento del día. En un año este restaurante se ha posicionado por sus desayunos, pero debes saber que por la tarde también encontrarás un menú que apapacha tanto como una sopa de fideo de la abuela.
Gracias a que la casa es grande, tiene distintos espacios según requieras desde un café y un pan para trabajar, hasta mesas grandes para chismear largo y tendido. Aquí la cocina es cercana, reconfortante y de buen tamaño, pero sin descuidar el equilibrio con vegetales frescos.
Una gran idea si vas en grupo es iniciar con el jocoque con pistaches troceados, miel y un toque de chile jalapeño. Es curioso que otro favorito de la casa es el salpicón de Rosita, un plato abundante y nutritivo, que me hizo pensar que cada vez se ve menos salpicón en las fondas de la ciudad. Lleva carne de res deshebrada, pepino, rábano, lechuga, jitomate y aguacate. Para acompañar, hay una precisa selección de vino o coctelería clásica como un aperol spritz o un naked and famous.
Si quieres irte por las pizzas artesanales, son garantía como casi todo lo que sale de su horno, de base delgada y borde crujiente. Que no te intimide la pizza de cochinita, es la receta familiar y en sabor fue la ganadora en nuestra visita.
Vale la pena llegar a los postres, que rinden para compartir entre dos. Nos cuentan que, a petición del público, el único que está disponible todo el día es el pan francés, con un esponjoso pan brioche casero, crema y compota de frutos rojos. Por su parte, la tarta de queso es un poco más pesada pero tiene ese centro súper cremoso de la versión vasca.
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