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Reseña
En el último año, uno de los restaurantes que más ha aparecido en listas de deseos y conversaciones es Ismo. Y, en una de esas, la visita de Bad Bunny no tiene tanto que ver con el éxito de este proyecto.
Ismo se percibe como un concepto redondo, bien pensado. Da gusto que en el espacio convivan gastronomía, música y diseño interior. Y si de por sí Ismo Sonoro, su versión nocturna, ya se había vuelto refugio para muchos DJs y selectores de música, ahora el restaurante busca conquistar a quienes comienzan el día temprano con un menú breve, pero muy bien ejecutado, de desayunos.
Por supuesto, la experiencia comienza desde el diseño: revestimientos de madera, acero inoxidable y acentos de color. Mil puntos extra para el piso, extrovertido y escandaloso, pero equilibrado por la sobriedad de la madera y por la única pieza decorativa que adorna el lugar: un reloj en mapping. Da gusto llegar a un espacio que no es tímido con su paleta de colores, en un mundo en el que el beige se está apoderando de muchos conceptos de interiorismo.
Las mañanas en Ismo transcurren lento, rico. Desde la ventana circular que da a la cocina podrás ver cómo salen hot cakes, omelettes o sándwiches. Es el plan perfecto para ponerte al día con tus personas queridas. El menú, aunque breve, ofrece opciones para todos los gustos: platos sustanciosos como el Bollito Burger, una hamburguesa de desayuno con carne de res, queso, huevo y tocino; y alternativas más ligeras como la overnight oatmeal, hidratada con leche de coco y servida con crema de cacahuate, fruta de temporada, coco rallado, granola y semillas de chía.
Probamos el avocado toast, que se sirve en pan de masa madre (cómetelo con las manos, aunque te ensucies la carita) y lleva encima, aguacate, un huevo estrellado y aceite de chiles muy amigable para quienes no comen picante. También elegimos una opción sana y alta en proteínas: un omelette relleno de salmón y queso de cabra, acompañado de una guarnición de ensalada verde. Este plato nos nutrió el cuerpo y el ánimo.
No podíamos irnos sin probar los famosos hot cakes: tres piezas esponjositas, al estilo estadounidense, llenas de sabor a mantequilla y con una textura crujiente por fuera y suave por dentro. Van bien bañadas con una generosa porción de miel de maple.
Esta nueva cara de Ismo demuestra su versatilidad: el lugar es ideal tanto para ir por unos drinks en la noche como para pasar a desayunar rico y reconfortante.
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