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Un juego seductor de espejos, velas derretidas y luces tenues crean la atmósfera enigmática de este nuevo gastrobar. En Judas las especias de México y el Medio Oriente se unen en la cocina; el menú está inspirado en aquellas personas que tuvieron que migrar y transformar su tradición culinaria en el camino sin perder la memoria de sus antepasados.
A pesar de una carta breve, seguramente algo de este concepto llamará tu atención. Pero primero, un drink. Nos recomendaron dos cocteles como los favoritos de la casa: el María Magdalena, con mezcal, hoja santa albahaca y prosecco; además del Judas, con ron, mamey y pixtle.
Nuestro primer encuentro con Judas fueron las papas cambray para compartir, que llevan una mezcla tripartita de salsas, que en conjunto logran un sabor potente: cremoso de aguacate, salsa negra y alioli de ajo. Si quieres algo un poco más ligero, checa la tlayuda con babaganoush y quelites de temporada.
La vibra: aunque los espacios son pequeños, parece más grande por los espejos, mientras que las velas y penumbras le dan un aire misterioso perfecto para una date.
El trago: nuestro favorito, por su perfil herbal en una linda copa –además de que nos encantó el nombre– fue el María Magdalena.
El plato: si te interesa probar su lado más árabe, pide los kibbes con aderezos como cebollitas encurtidas y tzatziki. O las albóndigas de cordero sobre una cama de jocoque y shaksuka
Tip de Time Out: al caer la noche la barra al fondo se transforma en un speakeasy muy íntimo.
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