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Reseña
La Juárez está estrenando un nuevo lugar de cocina thai: luces de neón por fuera, colores brillantes —pero a la vez elegantes— por dentro, y toda la profundidad de la cocina callejera tailandesa en la mesa. Se trata de Kab Khao, que tiene al frente a la chef Amy Khumyouang (Tiin Thai) y, como uno de sus socios, a Rodrigo Torices, aka Toro (Chubbies Burger, Fat Bastard, Brass Monkey y más). Spoiler: te recomendamos llevar pantalones de resorte.
Kab Khao tiene toda la vibra del street food, pero conserva cierta calma, incluso cuando, a solo dos semanas de su apertura, suele tener bastantes mesas ocupadas. La elegancia forma parte de su personalidad, pero es una elegancia cómoda, de esas que invitan a no tener miedo de pedir que te expliquen los platos del menú.
Acá las porciones son generosas y están pensadas para compartir, algo que también ayuda a que la experiencia se sienta más relajada. Así que, para nosotros, la mejor estrategia es la siguiente: empezar con un par de drinks (o, en su caso, cocteles sin alcohol), y luego entrarle con todo al menú.
Uno de nuestros tragos favoritos fue el Pandan Coconut Cooler, preparado con agua de coco, pandan (una planta originaria de Asia que se utiliza como saborizante y cuyo perfil Toro describe, muy acertadamente, como “la lechita de los Fruit Loops”), limón y agua mineral. Si prefieres algo con piquete, prueba la Phuket Colada, una versión de la piña colada preparada con ron añejo, crema de coco, jugo de piña asada, galanga y hoja kaffir; o pide una Singha, una cerveza tailandesa.
Ya con trago en mano, sigue con las entradas. Nuestras favoritas fueron las Moo Ping Kati Sod Kow Niew, que, afortunadamente, puedes pedir como brochetas de cerdo. Llegan con un botecito de sticky rice, que debes hacer bolita con los dedos y comer junto con la carne, para después chopearlo todo en una salsa picosita.
Si como nosotros tienes un cariño especial por los platos preparados al wok, te recomendamos el Pad Ka Prow. Puedes elegir entre carne, pollo o cerdo, que se saltean con albahaca y chile y se acompañan de arroz jazmín al vapor. Por supuesto, también tienen el consentido de muchos, el Pad Thai.
Durante nuestra visita, los curries fueron los favoritos. Probamos el verde y el rojo y nos quedamos con ganas de nadar dentro de ambos bowls. El rojo se prepara con leche de coco y se aromatiza con hoja kaffir y limón; el verde, picosito de ese que se siente pero no molesta, lleva berenjena y otros vegetales. Ambos llegan a la mesa con su correspondiente side de arroz jazmín al vapor.
Para el postre, te proponemos un pleonasmo de té tailandés: el helado suave con coco tostado, acompañado de un Thai Tea Espresso Martini, preparado con vodka, espresso, licor de café y té tailandés. Tampoco faltan los postres con arroz, como el Bua Loy Puek, bolitas de arroz en leche de coco con taro y ajonjolí tostado, o el siempre delicioso Kow Niew Ma-Muang: sticky rice con mango, leche de coco y ajonjolí.
Lo que más nos gustó de Kab Khao es que es un lugar que te hace sentir bien. Es cómodo para pasar el rato con amigos, comer rico y probar varios platos sin exprimir la cartera. Y quizá ahí está parte de su encanto: terminas feliz, pero cada visita te deja con ganas de regresar para probar un poquito más.
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