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Reseña
¿Abrir un restaurante en CDMX se ha vuelto un salto de fe o un negocio de valor? Ya no basta con tener buena comida, hay que estar bien ubicados, tener un gran chef, usar producto de máxima calidad, carta de vino curada, propuesta de valor, buenas prácticas laborales y, encima, suerte y buen PR.
La oferta es tan amplia y diversa que se ha vuelto voraz, divertida y, en muchas ocasiones, “one hit wonder”. Cada semana escuchamos un hot spot increíble, lo que viene y el que ya no aguantó el ritmo. Para mí cada apertura de la Roma es un volado. Es la zona más competida de la cocina contemporánea de la ciudad y, para qué negarlo, permanecer y crecer en esta zona se ha vuelto un deporte extremo. Por eso aplaudo a Lotti, una propuesta culinaria con bases sólidas de cocina europea con técnica impecable, producto mexicano y una visión anclada en la memoria del chef Luc Liebster, de origen suizo.
En en una casona de 1915, el ambiente íntimo se construye sobre una visión joven, cuidadosa y arraigada en la historia personal del chef. “Lotti” hace homenaje a su abuela. “Quiero integrar lo mejor de la alta cocina, sin perder la raíz de donde vengo”, cuenta Luc, quien se formó en restaurantes como Steirereck, en Viena, y Pujol, en la CDMX. Se nota el buen servicio y también la sutura artesanal de la experiencia culinaria.
¿Qué comer en Lotti?
Comienza con un delicado y hermoso bocado de papas Hasselback con aguacate y huevas de trucha ahumada, para que visualices el nivel de detalle de los platos; si eres goloso, sigue con una concha con mousse foie gras y verás cómo se concentran los sabores umami en tu boca; aunque si prefieres algo más fresco, el radicchio asado con burrata y chintextle de chapulines te sacará una sonrisa.
Acepté un par de sugerencias del chef, siempre guiada por el antojo. Así fue como terminé probando la trucha salmonada de Zitácuaro con salsa beurre blanc de chiles, cacahuazintle, calabaza mantequilla y kumquats (aplaudo el uso de la trucha nacional y no de salmón), de cocción en su punto y temperatura adecuada; y después, el filete de Wagyu con kale, espuma de papa y jus de tuétano. En ambos se nota la preocupación por manipular solo lo necesario para destacar la calidad de la proteína.
Para la dulce indulgencia, mi corazón eligió la tarta de chocolate de Veracruz con aceite de oliva y sal maldon, pero el strudel de manzana con crema de vainilla es la insignia del lugar. Lotti es un restaurante nuevo que vale la pena, perfecto para una cita o una cena casual. Ya quiero regresar por la trucha.
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