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Reseña
Con mes y medio de operación, Mesa, el pequeño restaurante en San Miguel Chapultepec, ya rompió el internet y conquistó varios corazones. Y sí, vale la pena.
Mesa nació de la amistad entre Bryanna Vázquez y Pavi Ancheta, que han viajado juntas en varias ocasiones. Conocer nuevas latitudes y probar las cocinas locales las llevó a desarrollar el concepto del restaurante: preparar los platos que les gustan y que han descubierto alrededor del mundo, y compartirlos con conocidos o desconocidos alrededor de una mesa. De ahí el nombre, inspirado en las mesas comunes que encontraron en sus viajes y que ahora replican en la parte de arriba del restaurante.
La intención de Mesa es ser un respiro, ese lugar al que puedes ir a trabajar, a tomarte un café con las amigas o en la excelente compañía de tu novela en turno, o simplemente a hacer una pausa y comer algo rico. En la mesa de arriba puedes compartir el espacio y conocer gente; en las mesas de abajo y de afuera, armar un plan más privado.
El menú es breve, y eso se agradece: da la impresión de que cada platillo está hecho con cuidado e intención. Nosotros fuimos a comer y perdimos los escrúpulos y la cordura con el paté de trucha con jitomate heirloom y cebollín, que venía sobre una alberquita de aceite de oliva de-li-cio-so, perfecto para limpiar hasta la última gota con el pan de masa madre que acompaña al plato (o con los dedos, o con la lengua, o lo que sea).
Seguimos con el plato de hongos, albahaca y parmesano, ligero y con un toque acidito divertido gracias al vinagre con el que se aliña. De plato fuerte, el pollo rostizado con papas fritas.
De postre elegimos los pancakes con maple, mantequilla y sal: una absoluta delicia que también nos obligó a dejar el plato limpio. Puntos extra por los granitos de sal que te vas encontrando por ahí, escondidos entre los dobleces de la capita de pancakes, súper delgada y ligera. Le dan un descanso al dulzor y potencian el sabor de la miel. La mera verdad es que este plato justifica toda la visita a Mesa: es de esas recetas que hacen que este mundo sea un lugar más bonito y fácil de soportar.
Ante la viralidad, también hace falta ser objetivos: Mesa no es perfecto, pero sí es humano, y se nota que detrás del concepto hay cariño. Si a mes y medio de operación ya ofrece recetas que nos hacen sonreír y nos dejan con ganas de regresar (es muy lindo estar comiendo algo y pensar, al mismo tiempo, “quiero regresar con mi madre” o “esto le va a encantar a mi mejor amiga”), seguramente, conforme pasen los meses, encontraremos una experiencia todavía más memorable.
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