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Reseña
Traficante de Pizzas llega a Coyoacán con los tirantes bien puestos. Esta pizzería tiene una vibra retro y cómica, pero sobre todo una gran relación calidad-precio que buena falta le hace a esta zona. Su aventura inició en la pandemia como dark kitchen, luego se adaptaron a un pequeño local en la Letrán Valle y ahora apuestan por triplicar su tamaño.
El nuevo espacio nos transportó a las primeras décadas del siglo XX. Muy ad hoc sonaba Mr. Sandman en las bocinas mientras nos acomodamos y observamos a los personajes animados en las paredes. No perdimos oportunidad de comer de una mano caricaturesca que sostiene los arancini de risotto y mozzarella. Gorditos, crujientes por fuera y queso rico, son garantía pero cómelos recién llegados.
Las pizzas son estilo napolitano, llevan una fermentación de 24 horas, lo que permite un borde súper aireado y base súper delgada. Encontramos desde clásicas como la Margarita, hasta combinaciones muy de la casa como la Corona del Capo con prosciutto, aceite, pera, almendra fileteada y un toque de aceite trufado; o ya si te atreves, prueba la que lleva ate de guayaba, queso azul (no es demasiado invasivo), nueces troceadas y un poco de miel.
Las acompañamos muy adecuadamente de una Pianito, una cheve artesanal ligera y amable. Para su selección de cheves se aliaron con los amigos de Falling Piano. Ya entradas en mood traguito, más allá de refrescarnos, el Rasperol nos remontó a nuestras primeras salidas con drinks y no es queja. Es un Aperol Spritz en formato raspado y con un twist de cítricos y chamoy.
Y si te queda un hueco, el tiramisú es todo un espectáculo. Prepara el celular pues se baña de crema en tu mesa.
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