Clausura del amor

Teatro, Drama
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Clausura del amor
Foto: Pili Pala/Cortesía de la producción

Una pareja se anuncian frente a frente el final, el cierre

El amor, aunque sean sus restos, duele. Sobre esos restos se erige este inteligente texto del dramaturgo francés Pascal Rambert en el que dos seres humanos —qué importa que sean un director teatral y una actriz prestigiada, qué importa si son un hombre y una mujer— se lanzan a la cara esas verdades incómodas que tarde o temprano surgen al final de una relación de pareja que algún día fue férrea, apasionada y total. Dos individuos se anuncian frente a frente el final, el cierre. Y eso es apenas un principio.

Estrenada en 2014, Clausura del amor es un texto relevante de la dramaturgia francesa contemporánea. Tras sumar ya tres temporadas y presentaciones especiales, la puesta en escena de Hugo Arrevillaga regresa a un espacio aún más íntimo, por lo tanto la propuesta original se concentra todavía más y se enriquece. Por fortuna, el espectador puede disfrutar y sentirse profundamente aludido por las frases hirientes y perfectas con las que Antón Araiza y Arcelia Ramírez terminan de destruir, más que su relación, a sí mismos.

Al contrario de otras propuestas teatrales que han logrado varias temporadas, en esta el factor clave sigue siendo la presencia de sus dos protagonistas originales, cuya constancia en los escenarios y su participación en los más diversos proyectos teatrales a lo largo de los cinco años en los que se ha presentado esta obra, se notan en la madurez de sus interpretaciones. Hay gestos, intenciones y movimientos plenamente decantados. Hay sutileza en amor perdido y renovada frescura en la fractura que escenifican.

Dos monólogos que se tornan en diálogo descarnado en el que Rambert pone un caudal exquisito y avasallante de palabras y en el que Araiza y Ramírez, de la mano de Arrevillaga, ponen algo aún más sabroso y devastador: el silencio y la escucha mientras habla el otro. A pesar de tantas frases contundentes, el hilo que une a los personajes acaba por reventarse con lo no dicho. Por ello, a pesar de la derrota, Arcelia y Antón salen victoriosos y confirman su bien ganado lugar dentro de nuestro teatro.

El actual montaje de Clausura del amor nos hace saber que esta es una obra plenamente atendida y trabajada por su director, con lo cual el texto traducido por Humberto Pérez Mortera continúa vivo, listo para que cualquier espectador lo aviente en la cara de su alguna vez amado.

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Por Enrique Saavedra

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