Cosas que solo sabes si eres diseñadora de vestuario: Estela Fagoaga
Foto: Alejandra Carbajal

Cosas que solo sabes si eres diseñadora de vestuario

Estela Fagoaga nos cuenta qué implica vestir a los actores que vemos en escena en el teatro

Por Enrique Saavedra
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El teatro también son telas, texturas, colores e historia. Y si no, pregúntenle a Estela Fagoaga... bueno, eso hicimos y le preguntamos cosas que solamente ella, que es una de las diseñadoras de vestuario más destacadas del ámbito teatral, podía responder. Si viste Hello, Dolly, La divina ilusión, Buenas personas y La obra que sale mal ya sabes quién es la responsable de vestir a esos personajes que seguramente han quedado en tu memoria.

El público no necesariamente es consciente de qué implica que un actor esté vestido de tal manera en el escenario de un teatro.
El diseño de vestuario es una tarea ardua, que lleva muchos meses de trabajo y depende del tipo de obra, del número de personajes, de los cambios de ropa que cada actor tiene y del presupuesto que haya en la producción. Yo no lo diseño solita; soy parte de un equipo junto con el iluminador, el escenógrafo y quien se encarga de la utilería.

El vestuario es una pieza fundamental, pues tiene toda una carga simbólica que el público recibe a partir de cómo van vestidos los personajes. Todo esto yo lo trabajo a partir de la provocación de un texto, de un director o de todo lo que en conjunto queremos decir los integrantes de un equipo creativo.

Foto: Alejandra Carbajal

Un actor puede rechazar un vestuario porque no le queda o no le gusta.
En el momento en que el director y yo llegamos al acuerdo de que así va a ser el vestuario, para mí es importante que el actor sepa qué es lo que va a usar y le enseño el boceto para que se lo vaya imaginando, porque cuando no sucede así llegan las pruebas de vestuario y tienes que ir hacia atrás, pero no porque no le guste, sino porque una actriz puede decir: “yo no me la imaginaba con pantalón, yo siempre me la imaginé con falda”, y te explica porqué lo pensaba así y entonces hay que modificarlo. Por eso hay que ir siempre a los ensayos, ver cuáles son los movimientos, qué objetos manipulan, porque muchas de esas cosas se guardan o salen de los vestuarios, y hay que saber si el actor sale o se queda a la vista del público para cambiar su vestimenta.

Es más difícil vestir al elenco de una obra que sucede en la actualidad que a uno que ocurre en otra época.
Para mí no hay nada más difícil que vestir a la gente de gente. Todos tenemos en el inconsciente cómo era una secretaria de principios de siglo, cómo era un telefonista o un chofer. Ya sabemos todos que un carnicero de principios de siglo usaba camisa y corbata: es una generalidad aceptada.

Si yo hoy tengo que vestir a un carnicero, hay muchos factores que entran en juego, los criterios son distintos y todavía está muy cercana la época: aún no tenemos esa generalidad. La última época de la que nuestra mente hizo ya un combo de cómo era esa realidad, es la década de los ochenta.

Foto: Alejandra Carbajal

Una diseñadora de vestuario no nada más se nutre de telas, hay otros materiales y referentes.
Más allá de las tiendas, me gusta mucho entrar a Pinterest y ver paletas de color, me encanta ver decoración de interiores, me fascina la historia. Yo di clases durante muchos años de historia de la indumentaria y es de mis pasiones más grandes. Parte de esta materia es observar a la gente en la calle, yo puedo estar horas sentada viendo a las personas: cómo se comporta, qué trae puesto, si le queda bien o mal, cómo han ido cambiando los cuerpos, qué colores usan, cómo se visten para ir a uno u otro lugar. Dependiendo de los códigos postales de esta ciudad, la gente se viste diferente. En mi caso, ya es una deformación profesional poner atención a cómo se viste alguien, cómo combinan los colores, los zapatos, cómo se peina, cómo se arregla las uñas, si se peina o no se peina, cómo se viste para ir a Chapultepec y cómo para ir a una carrera...

Estela Fagoaga: Instagram: @fagoaga_vestuario.

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