Hermanas

Teatro, Drama
Recomendado
5 de 5 estrellas
Fernanda Castillo y Arcelia Ramírez en la obra de teatro Hermanas
Foto: Ricardo Estévez/Cortesía Icunacury Acosta

Time Out dice

5 de 5 estrellas

Hay quienes dicen que la familia no se elige. Hay quienes contradicen y afirman que uno es quien elige en dónde nacer. El caso es que estas dos mujeres que están frente a frente en un día impensable, desearían nunca haberse conocido. Son hermanas, pero mas les valdría no serlo.

Tras el éxito que ha tenido el montaje Clausura del amor  —con cinco temporadas en distintos espacios, siempre llenas—, Hugo Arrevillaga vuelve a tomar un texto del dramaturgo francés Pascal Rambert, quien una vez más enfrenta y confronta a dos seres que alguna vez tuvieron oportunidad de quererse y que ahora se revelan como francos contrincantes: enemigos que se conocen no nada más de pies a cabeza sino hasta lo más profundo de sus entrañas. Imposible contar con un arma más poderosa y letal.

En la obra anterior fueron marido y mujer a punto de concretar una separación; hoy son dos hermanas inteligentes y exitosas las que no cesan en su intento de destruir a la otra a través de la palabra afilada y el recuerdo incómodo, el constante reclamo, la puntual ironía, el amor filial oculto en un sitio muy lejano… o tal vez muy presente. Un tour de force para dos personajes que un día se dan cuenta que la perfección en la vida profesional no es suficiente para proclamarse un ser humano completo. Un tour de force para dos actrices que, de la mano de su director, comprenden que la perfección es una virtud que se alcanza desde el trabajo, la inteligencia y la verdad.

Un auditorio dispuesto para una conferencia es el escenario en el que una crítica de arte irrumpe en el ámbito laboral de una defensora de derechos humanos para ajustar cuentas del presente y del pasado. Ambas se baten con palabras y evocaciones tan añejas como su relación, tan arcaicas como las relaciones de los primeros hermanos de la tierra. Palabras y momentos crueles que Rambert pone en boca de los personajes y que Hugo Arrevillaga pone en el cuerpo y el alma de sus dos extraordinarias actrices para hacer explotar a toda una sala teatral. 

Fernanda Castillo es la que inicia el reclamo y de principio a fin sostiene los matices de una mujer herida, enojada y, en el fondo, motivada por empezar de nuevo. Arcelia Ramírez es la mujer atacada que pronto se revela como una atacante mayor, no solamente de su propia hermana sino al parecer de muchos más; esto permite que el amplio y sólido registro de esta actriz se despliegue con toda su luz y oscuridad, ofreciendo una nueva clase maestra a la que Fernanda se suma sin problemas. Ellas se unen en una sola entidad teatral que hiere, conmueve y entusiasma, como cualquier abrazo entre dos hermanas.

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Por Enrique Saavedra

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