En La galería de mi abuela, la memoria no es un recuerdo perdido: es un espacio que cambia de forma cada vez que alguien cruza su puerta. La nueva puesta del Teatro Casa de la Paz transforma una pequeña galería en la Colonia Juárez en el escenario donde una familia intenta descifrar el avance del Alzheimer de su matriarca, mientras las paredes —y las personas— revelan lo que todavía resiste y lo que empieza a borrarse.
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Un retrato familiar atravesado por la memoria
La historia sigue a Dany Ruiz, un joven periodista que narra los últimos años de su abuela Gladys, una antigua curadora de arte cuya lucidez empieza a fragmentarse por el Alzheimer. A través de su mirada, la obra reconstruye los momentos de ternura, frustración y desconcierto que surgen cuando la vida cotidiana se ve interrumpida por una enfermedad que avanza sin aviso claro.
En escena, el deterioro cognitivo no se muestra como un golpe repentino, sino como una serie de pequeñas grietas: olvidos, repeticiones, confusiones que parecen inocentes pero que anuncian un cambio profundo. Este enfoque convierte la historia en un documento emocional sobre la fragilidad, el vínculo familiar y la forma en que acompañamos a quienes comienzan a perderse en sí mismos.
Una adaptación que dialoga con la CDMX
Rendón traslada la acción a la Colonia Juárez, un barrio donde conviven tradición e impulso cultural, y que funciona como eco de Greenwich Village, el espacio original del texto de Lonergan. Ese traslado no solo localiza la historia: la vuelve más cercana para el público mexicano, al situar la galería de la abuela como un refugio que resiste la gentrificación, los cambios y el propio paso del tiempo.
El elenco que sostiene la intimidad
La producción reúne a Sofía Álvarez, Iliana Fox, Moisés Arizmendi, Alejandro de Hoyos y Tulio Villavicencio. Álvarez interpreta a Gladys con un enfoque que ha sido señalado por su profundidad y su distancia del dramatismo fácil: el Alzheimer aparece con dignidad, matices y humanidad, resultado de un proceso actoral que incluyó observación directa en centros especializados.
Una obra que se siente cercana
La galería de mi abuela destaca por su sensibilidad sin sentimentalismos y por su capacidad para abrir conversaciones necesarias sobre la vejez, la salud mental y el acompañamiento. Más que un drama sobre la pérdida, la obra funciona como un recordatorio de que la memoria es también un lazo: aquello que aún une incluso cuando las palabras empiezan a desordenarse.
La obra se presenta en el CCA Teatro Casa de la Paz con funciones de viernes a domingo. Con un aforo íntimo de 134 butacas, el espacio potencia la cercanía del relato y la experiencia emocional que propone la puesta.
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