Puras cosas maravillosas

Teatro
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Puras cosas maravillosas
Foto: Cortesía de la producción

¿Qué somos capaces de hacer por ver a nuestros seres más queridos siempre con vida? ¿Qué haríamos con tal de ver a la mujer que nos dio la vida alegre y con deseos de seguir luchando? Una de las opciones de los dramaturgos ingleses Duncan Macmillan y Jonny Donahoe es crear una lista de todo aquello, grande o pequeño, que sea capaz de maravillar a cada uno de los sentidos de un individuo.

Dicho listado no podía haber caído en mejores manos: Sebastián Sánchez Amunátegui, director de comedias ácidas y entrañables como La lechuga y El loco y la camisa, enfrenta nuevamente –con una deliciosa traducción de Pilar Ixquic Mata– un texto agridulce que habla sobre la depresión materna y cómo trastoca, silenciosa e invisible, la vida de un hombre desde la infancia hasta la adultez. El montaje es sencillo, concreto y demandante para actor y público. Lo más sutil del estilo de Sánchez Amunátegui está puesto sobre la escena.

Amén del director, esta obra le corresponde a su actor y productor. Pablo Perroni y su personaje se plantan en el escenario con una sonrisa, así entendemos que ambos están mimetizados. Él cuenta su historia, comparte el soundtrack de su vida,  invita a algunos miembros del público para que lo ayuden a recrear momentos fundamentales y, por supuesto, desgrana una lista infinita de cosas maravillosas –una más sorprendente y certera que la otra–, a partir de los sólidos recursos del guión y el encanto del actor.

Se trata de un evento teatral que, desde una genuina humildad y sencillez, confronta al espectador y lo lleva a escarbar en sus zonas más oscuras por medio de uno de los más generosos y luminosos eventos teatrales que puedan habitar en la cartelera.

Por Enrique Saavedra

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