Radio Piporro y los nietos de Don Eulalio

Teatro
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Radio Piporro y los nietos de Don Eulalio
Foto: Cortesía de la producción

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Las memorias del icono de la cultura popular del noreste, “El Piporro”, ahora en teatro

Don Eulalio, el hombre al que alude el título de este espectáculo, fue cantante, compositor, actor, locutor y guionista. Con su personaje del Piporro representó en la música y el cine mexicano de la segunda mitad del siglo XX al norteño encantador, franco y dicharachero que lo mismo se lanzaba a la conquista de la gran ciudad que se enfrentaba a los conflictos propios de la migración, siendo uno de los pioneros de una temática que hoy en día es más que vigente y ocupa un lugar fundamental de los problemas de nuestro país. De esta forma, Don Eulalio, a través del Piporro, fue una de las figuras más queridas del cine y la música. Y fue también el abuelo de Víctor Hernández y Roberto Cázares. O al menos eso es lo que ambos actores quieren hacernos creer.

Al tomar a la radio como herramienta musical, histórica, confidencial e íntima, Víctor Hernández construye lo que en apariencia es un divertido homenaje al rey del taconazo, pero que muy pronto se revela como algo más profundo y personalísimo: en escena se habla del Piporro, sí, pero también del abuelo de Víctor. Las anécdotas sobre el artista se mezclan con las del abuelo y con las inquietudes del dramaturgo, directory protagonista sobre su propia identidad, marcada por haber nacido, como el Piporro, en Nuevo León.

Al lado de Cázares, Hernández recrea la biografía del Piporro —tomada de su libro de memorias— un poco tal como fue y un mucho como le hubiera gustado que fuera. Lo que nos cuenta sobre él mismo y sobre su familia, parece ser cierto y verídico. O tal vez no. Lo que es verdad es que, a partir de un humor franco y evocaciones genuinas, ambos ofrecen una autoficción escénica divertida y entrañable que nos pone de frente a una figura del espectáculo y la cultura que hoy en día es justo y necesario traer al recuerdo y, como aquí sucede, entenderla desde un presente en el que más que nunca nos preguntamos quiénes somos, de dónde venimos y por qué quienes nos preceden tomaron esas decisiones que, de una u otra manera, nos hicieron los que somos.

Tal vez al entenderlo, podremos gritar sin pudor hartos “ajúas” y bailar más a gusto y a conciencia “El taconazo”.

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Por Enrique Saavedra

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