Romeo y Julieta

Teatro, Drama
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Romeo y Julieta
Foto: Alejandra Carbajal

La celebridad de esta historia está avalada por uno de los públicos teatrales más difíciles: el adolescente. Más de uno que la ha leído o la ha visto —en escena o en pantalla— desea vivir un romance como el de los dos jóvenes amantes de Verona. Aunque en esa esperanza caben todas las contradicciones, es una muestra de que estamos, sin duda alguna, frente al texto más popular de todos los que escribió William Shakespeare.

El amor que trasciende pleitos, dagas y pócimas letales vuelve al centro de la cartelera gracias a la puesta en escena de Mauricio García Lozano, quien con éste llega a su tercer montaje shakesperiano consecutivo —los anteriores fueron Ricardo III y Medida por medida. También Leonardo Ortizgris cumple su tercer trabajo actoral al lado del director. En esta ocasión con uno de los personajes más entrañables de la tragedia: el noble Mercucio, el leal amigo de Romeo.

Precisamente, es él quien desata la tragedia: la pasión adolescente que viven Romeo y Julieta se torna fugaz y malograda; primero por el odio que sostienen sus familias y, después, por un doble crimen cometido al calor de una riña en la que se antepone la amistad más pura, pero da paso a la desgracia más famosa del teatro universal, ya que los amantes precipitan sus actos a fin de intentar estar juntos y lejos del odio que los rodea. No es spoiler contar que el idilio triunfa, sí, pero tal vez no como deseamos.

Al ser su cuarta obra del Bardo de Avon en tres años participó en el Hamlet de Flavio González Mello,Ortizgris asegura que el miedo de actuar en una obra del dramaturgo inglés se disipó, en parte por la experiencia y por el personaje que interpreta: “Me siento más suelto; además de que Mercucio tiene mucha tela de dónde cortar: es un ser libre. Los anteriores eran personajes más oscuros y, aunque éste también termina muerto, es un ser más luminoso: es procaz, muy vivo, con una sexualidad a flor de piel, con una visión peculiar del amor y de la mujer. Eso me da otras oportunidades al interpretarlo”.

Fuente de infinidad de productos del ámbito artístico y comercial a lo largo de los tiempos, este clásico es escenificado bajo una visión contemporánea que no hace más que recordar que vivimos los mismos conflictos afectivos: “La obra habla del amor y del odio, de los jóvenes y de los viejos, de las nuevas heridas y de las cicatrices. Romeo y Julieta son las figuras amorosas más importantes de la cultura occidental y eso hay que reflejar: es la lucha del amor virginal contra los prejuicios de la vida adulta. Es el odio de los mayores contra el enamoramiento de los menores”, apunta el histrión.

Ortizgris es parte de un atractivo reparto que encabezan Cassandra Ciangherotti y Adrián Ladrón como los malhadados —pero siempre envidiados— amantes. Actores como Haydée Boetto, Emma Dib, Diego Jáuregui y Daniel Haddad, entre otros, los juzgan en la historia y los respaldan en escena. Como ya es costumbre en los recientes montajes de Shakespeare, la traducción es de Alfredo Michel Modenessi y la adaptación es del propio García Lozano en conjunto con Paola Arrioja.

La propuesta de García Lozano se redondea con la escenografía de Mario Marín del Río, quien también es el diseñador del vestuario junto con Aldo Vázquez Yela. La iluminación pertenece a Ingrid SAC. La producción es de Tercera Llamada, casa productora de Ana Bracho y Paula Sánchez Navarro; además de Lado Be y Teatro del Farfullero.

Todos ellos, a decir de Leonardo Ortizgris, tienen la responsabilidad de hacer una puesta en escena que haga que los jóvenes se identifiquen con el drama y, en lugar de intentar la misma locura mortal de los amantes, se simpaticen a vivir ésta y otras historias, desde la comodidad de una butaca teatral.

Por Enrique Saavedra

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