Tragaluz

Teatro, Drama
Recomendado
5 de 5 estrellas
Obra de teatro Tragaluz
Foto: Juan Rodrigo Becerra/Cortesía PinPoint

Time Out dice

5 de 5 estrellas

No hay mejor momento que este para que Marina de Tavira protagonice esta obra y la haga suya

Toda obra de teatro implica un acto de voyeurismo, aunque sepamos que aquello que miramos es mera ficción. Aún así, pocas propuestas son capaces de hacernos sentir tan dentro de un espacio y percibir hasta el más fino olor y el más sutil suspiro. Gracias al legendario escenógrafo e iluminador Alejandro Luna, en Tragaluz (Skylight) es posible estar dentro del pequeño departamento de Kyra, lejos del centro de Londres, Inglaterra; en una noche de mucha lluvia y mucho trabajo, con algo de pasta para cenar y dos visitantes que resumen una sola cosa: el pasado.

Escrito por el prestigiado dramaturgo británico David Hare y estrenado a finales del siglo XX, Tragaluz es uno de los textos más importantes del teatro contemporáneo universal y es de celebrar que pueda verse en escenarios mexicanos con una propuesta que rebasa cualquier expectativa, al condensar muchos de los mejores elementos con los que cuenta el teatro mexicano. El reencuentro entre dos viejos amantes unidos por las mismas razones que los separan, la modesta maestra Kyra y el poderoso restaurantero Tom, es el pretexto para que Hare más bien construya un desencuentro: una relación que se explica a través de las notables diferencias éticas, morales y sociales entre ambos, partiendo del prejuicio, la descalificación y el malentendido.

El directos Luis de Tavira pone toda su sabiduría teatral al servicio de este texto en el que el amor y las pasiones están delimitadas por la clase social y económica y en el que cada frase y cada gesto —sean hirientes, sarcásticos o tiernos— se lanzan a escasos centímetros de los espectadores, dejando totalmente expuestos a estos seres que, aunque sea por una sola noche, vuelven a acompañarse. Tavira desnuda frente a nosotros, a través de palabras, gritos y silencios a dos personajes, pero también a dos estupendos actores que parecen haber nacido para interpretarlos. 

Rafael Sánchez Navarro vuelca su recia presencia y vastísima experiencia en ese difícil Tom Sergeant. Probablemente este es el personaje que lo corona como el primer actor que ya es desde hace algunos años. En contraparte, al joven actor Aldo Bringas, quien debuta con el refrescante personaje de Edward, le toca aprovechar cada función para absorber el talento, la fuerza y los trucos de sus compañeros y así ir forjando su propia personalidad y trayectoria.

Lo que aquí sucede es parte de la magia teatral: el hecho de que este montaje esté producido y protagonizado por Marina de Tavira lo envuelve en un halo especial. La actriz de Roma nominada al Oscar por fin puede regresar a casa para montar la obra cuya producción había pausado para atender los compromisos internacionales. Y la magia sucede cuando uno ve a Marina de Tavira en el personaje de Kyra y entiende que no hay mejor momento que este para que ella lo interprete y lo haga suyo con una notoria humildad y con un enorme respeto a su alma máter —Casa del Teatro—, a sus maestros Tavira y Luna, a sus compañeros de escena y con un profundo e incuestionable amor al teatro y a su capacidad de hacer sentir a la gente que está allí, con ella, en ese pequeño departamento que se traga la luz de dos viejos amantes.

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Por Enrique Saavedra

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