Si andas buscando plan nocturno en la zona centro de la Ciudad de México, además de los antros y bares en la Roma, del Centro o de la Cuauhtémoc, te recomendamos estos lugares en la Condesa.

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Disfruta la vida nocturna en la Condesa
Uno de los bares-billares clásicos de la zona. Su multidisciplinaria propuesta incluye una minigalería de arte. Su carta es el cumplidor catálogo de cualquier bar: chelas, cocteles con tequila y mezcal y mojitos por sólo 60 pesos.
A diferencia del bar de snacks, aquí puedes pedirte una lasaña a la boloñesa o bien, para tener al lado de la mesa de billar, unas papas a la francesa. Su crujiente consistencia hace salivar a muchos.
La música está a cargo de las bandas de rock que se presentan en este bodegón, arreglado para que las mesas de billar tengan cierta estética que te hace sentir como todo un profesional en una sala de juegos.
La hora de billar está en 100 pesos y si la cuenta se te pasa, cuentan con un cajero automático adentro. Sólo aceptan efectivo.
La música es importante para todos, pero hay quienes simplemente aspiran a hacer de ella el centro de su existencia. Gracias a gente con ese nivel de obsesión es que existen espacios como éste, que es un tres en uno: tienda de vinilos (99 Records), un bar y el listening room. De todos, éste último es el más especial, pues es un espacio donde todo está completamente acondicionado para disfrutar la música con un sistema de sonido poco común, que va de pared a pared, y donde, según me explican, logran una claridad superior al dividir el sonido en cuatro vías, bajos, medios bajos, medios altos y altos.
El listening room es un gran lugar para ir solo o en grupos pequeños, de hecho no aceptan mesas de más de 6 personas y, al abrir la carta, en la primera hoja verás que te recomiendan hablar en voz baja. La idea es que los visitantes guarden silencio para disfrutar la cartelera de discos del día (tienen alrededor de 10 mil vinilos en la tienda).
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Esta selección siemore tiene algún hilo conductor, ya sea geográfico, de género musical o histórico, con lo cual buscan rescatar algo que se ha perdido con las apps de música: escuchar discos completos. Durante mi estadía descubrimos y disfrutamos como nunca antes las sutilezas de Nubya Garcia y Milton Nascimento.
Hay cocteles clásicos y signature, los cuales llevan el sello de Ismael Martínez (Hanky Panky), y todos están inspirados en canciones. Por ahí está Ha Ha I’m Drowning de The Teardrop...
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Te aseguramos que el AM es mucho más que un sitio donde podrás echar fiesta hasta muy entrada la madrugada, porque cuando todo termine, estarás convencido de que valió la pena tu elección.
Es un club de tres pisos. En el segundo, después de subir unas escaleras de caracol (el elevador es decorativo), es donde sucede toda la magia: hay mesas translúcidas que cambian de color y te guían hacia el dj booth al fondo. El techo y las paredes de la pista de baile están cargadas con efectos de luces LED multicolor, a esto se le suma la precisa capacidad y ecualización del equipo de sonido (de los mejores de la ciudad). No le pide nada a los clubes concepto de otros países.
La barra es un oasis cuando el lugar está repleto de noctámbulos, tienen un sonriente servicio, son rápidos y los tragos son servidos por manos generosas a precios razonables.Al subir al tercer piso encuentras la terraza para fumadores, y si la casa está llena, ten cuidado, porque encontrarás abierta la barra de shots.
Este club ha dejado huella en los corazones de los fiesteros electrónicos capitalinos. A lo largo de más de diez años, ha sido un punto de reunión, socialización y experimentación musical. Luego, con la explosión demográfica de amantes del audiovisual electrónico, aquí les abrieron las puertas para recibirlos como en casa.
Justo así, como en casa, en AM no tendrás problemas en la cadena, a menos que lo merezcas (si llegas en shorts o en estados inconvenientes). Si registraste tu nombre y el de tus...
En la Condesa nunca faltan lugares para aliviar la sed de la mala mientras bailas al ritmo del último hit musical, pero estos factores no impiden que cada cierto tiempo un nuevo integrante se ha sume a la lista de opciones antreras. Ejemplo claro de ello, Studio 73.
Este pequeño lugar pasaría desapercibido si no fuera por el número 73 en la entrada que servirá de guía durante la noche. Si quieres sortear a los cadeneros tendrás que asegurar tu consumo al interior; para tu fortuna casi siempre cuentan con alguna promo para que le saques partido a la quincena. ¿Alguien dijo todo a $99 y sin cover? Ponte listo y checa lo que anuncien en redes.
Una vez dentro no habrá marcha atrás, ¡no te asustes! aquí no hay nada de aburrido. Siempre hay un dj que se asegura de mantener tu atención en la pista de baile. Nos tocó con el productor mexicano Elías Valdez, quien con una mezcla de canciones nuevas y alguna que otra clásica de los dosmiles con un toque neo perreo (o electro reguetón) cumplió con la energía del lugar.
La música y decoración te hacen sentir en una especie de rave o en un pequeño Patrick Miller del reguetón, en el que las luces neón y la máquina de humo suman puntos para conseguir este efecto. Punto clave de Studio 73: el arte en graffiti, trabajo del diseñador gráfico e ilustrador Jesús Cruz. Figuras loquísimas de distintos temas que aluden a la diversión nocturna en la ciudad; además la barra presume coquetos letreros brillantes imposibles de perder a la lejanía.
No...
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Después de una remodelación, el Leonor está de vuelta y con todo. Cada fin de semana, este pequeño lugar, alberga noches épicas de baile, excesos y diversión. La música cambia con el dj en turno, pero los set lists más exitosos son los que van desde los clásicos de Michael Jackson y Madonna hasta los beats más hot del momento.
El único problema es que por ahí de las tres de la mañana, ir de la pista de baile a la barra (una distancia de aproximadamente cuatro metros) significa ser pisado y empujado por las decenas de personas presentes. Si finalmente llegas a la barra, deberás esperar otro rato para que te atiendan y te cobren. Sin embargo, a pesar de estos contratiempos, que más bien hablan del éxito del lugar, Leonor se ha posicionado como uno de los mejores centros nocturnos de la zona, donde te encontrarás sudando en la pista de baile hasta el amanecer.
El Felina es uno de esos bares que he visto crecer. Me acuerdo de él, por allá de 2009, y recuerdo que sentí orgullo de mí misma por haber encontrado un rincón de la Condesa que carecía de pretensiones y precios absurdos. Desde entonces, la selección melódica de ese localito -como boogaloo y soul- ha sido impecable. Tras una remodelación a principios de 2015 (en la que cambiaron la entrada a Baja California e hicieron los baños y la barra más cómodos), Felina regresa.
Su menú de coctelería, que ya era una referencia en la ciudad, se ha sofisticado bajo el cargo de su nueva bartender, Jane.
Además de los clásicos, hay que probar el double roses gimlet, un trago refrescante con ginebra, limón amarillo, Lillet Blanc, agua de rosas y una rama de romero; y el hanky panky 24, fuerte por el fernet que se acompaña con ginebra, vermut rojo y Mandarine Napoleon.
Para qué engañarse: esos tragos a media luz, son invitación al romance (aunque sea al de una sola noche). La clientela ya no es la que busca fiestón loco, sino el disfrute de un buen trago al terminar el día. Los años han pasado sobre Felina y sobre quienes nos hemos ido y vuelto a él. Casi todo ha cambiado desde que abrió (yo creo que para bien). Afortunadamente, la música sigue igual.
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La máquina del tiempo sufrió un desvío y el año 1521 aterrizó sobre Álvaro Obregón. Cuando creímos que la nueva década se trataría de minimalismos y espacios en blanco, llegan proyectos como Tlecán, que nos hace retomar nuestras raíces sin siquiera saber que lo necesitábamos. Y bueno, a nadie le cae mal una nueva mezcalería en plena hipsterosa delegación.
Tlecán significa lugar del fuego en náhuatl; vaya, la matriz del concepto radica en esta connotación a la cultura prehispánica. Tras pasar la angosta entrada, te topas con una iluminación interior juguetona, entre sombras y tenues focos en rincones estratégicos —trabajo del estudio mexicano Lum Lum Iluminación—, el olor a incienso recorre la nariz y la vista se pierde en el color chedron de las paredes desnudas.
La Gran Tenochtitlán sigue presente en una réplica de la escultura conocida como el disco de la muerte —obras de Tezontle Studio—. ¿Y qué sería de la historia mexicana sin sus destilados? Tienen mezcales de Oaxaca, Michoacán, Durango y Sonora. El tobalá se suma a la gama de los aromáticos que se sienten suaves al primer sorbo, mientras en el cuishe destaca el sentido ahumado.
Los cocteles son tan particulares como su audiencia (o sea, hay diversidad), donde el old fashioned 175 es un trago corto de mucha personalidad con amaro y espadín, rematador con azúcar mascabado macerado. Hay un vampiro 165 con espadín, cuyo jarabe de pimiento se siente más como un caldo tomatoso, aunque bien bajado en frescura gracias a los...
Si te gusta leer, seguramente tienes en mente alguna que otra cafebrería, pero…¿cuántos bares-librería conoces?
¿Qué es?
El concepto es muy ganador dado que si algo le gusta a la gente de literatura (ejem, por supuesto no lo digo por experiencia) es beber. Pero éste no es un bar cualquiera, la Americana lo llevó al siguiente nivel, ya que el menú fue creado por bartenders reconocidos en listas internacionales como los 50 Best Bars de Norteamérica.
Me cuentan que el espacio, en medio de la Condesa, tenía tanto potencial que le fueron agregando capas al proyecto: es una librería especializada en autores de todo el continente americano, pero también tienda de cocteles ready to drink (en botellas de distintas porciones), pero también hay menú de desayunos y cenas, pero también se está volviendo un punto de encuentro de la escena literaria, ya que realizan eventos de poesía o talleres de narrativa. La Americana abarca mucho y sin embargo, todo cabe en su sitio según la hora del día.
¿Por qué ir?
Cáele a ver su selección de revistas o fanzines independientes o checa su programación de presentaciones de libros, las cuales podrás disfrutar como se debe, con un trago en mano. De sus cocteles te recomiendo balanceado y girly Spritz de Guayaba (muy de mujer, dirían por ahí), con campari, vino rosado con guayaba, fresa y ruibarbo; o ya en modo Gatsby, el siempre clásico e intelectual martini seco. Y si no tomas alcohol, prueba el café que es delicioso.
Tip: si ves un libro con...
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No somos los mismos por la noche; la oscuridad nos lleva a un estado diferente, donde la magia, los rituales y la seducción se hacen presentes. Al menos eso es lo que quieren provocar en Yagé, donde casi todo, paredes y mobiliario, es de color negro. Es tarea de la iluminación destacar la textura de los objetos, figurillas que remontan a un pasado prehispánico enmarcadas en formas y paredes terrosas que recuerdan una caverna.
Así como puedes visitarlo de día y echar un cafecito de especialidad, te recomiendo que primero vayas de noche, pues es cuando revela su cara más intrigante. Al plantarte en la entrada observarás un monolito que deja entrever el salón interior, enrarecido por momentos por el humo del copal. Yagé es un lugar que invita a dejar a un lado el teléfono y disfrutar de las sombras.
La vibra: el espacio es a la vez una galería de arte, un tasting room de destilados mexicanos y un gastro bar.
El trago: si miras el menú de cocteles de la casa, todos llevan destilados y licores mexicanos. Para continuar el modo darks, pedí la mezcalita Yagé, cuyo líquido es negro debido al toque de carbón activado. Después, seguimos el juego del lugar y probamos un mezcal ancestral, que fácilmente puede llevarte a otro.
Si quieres adentrarte más en el tema de los destilados como sotol, raicilla y mezcales de diferentes estados de la república, pregunta por la catas que puedes reservar para pequeños grupos; otra buena idea es caerle a las fiestas de inauguración y clausura de...
El whisky tiene un templo en el DF y nosotros acudimos a rezarle.
Constatamos que hay whisky de origen japonés. Y que es tan respetable como el de Escocia. Todo esto en Wallace, bar dedicado al elixir de la cebada con más de 150 etiquetas diferentes.
Lo complicado llega al momento de elegir entre un bourbon, un scotch o un single malt, pero Marcos, el jefe de barra, imparte cátedra whiskera. Aquí sugerimos la especialidad de la casa: el wallace, mezcla de whisky, jengibre y pepino.
Si el alcohol fuerte te amilana, hay una larga lista de cervezas importadas. De comer, pide fish and chips, el maridaje ancestral de estas bebidas, o la desbordante hamburguesa wallace, con champiñones y queso provolone.
Quizá sea el grado de alcohol, pero las bebidas desaparecen de los vasos a ritmo de jazz, blues, funk y soul mientras la conversación se pone interesante. En el segundo piso, si aún puedes sostener el taco, hay una mesa de billar, salitas privadas y una terraza decorada con butacas de cine antiguo, que sirve como área para fumar. Una de estas salas, por cierto, tiene planes de ser convertida en un club de whisky con degustaciones y cata.
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