Después de meses en pausa, la Galería José María Velasco regresa con bombo y platillo con una exposición que busca que nos preguntemos ¿qué imágenes nos representan?, ¿quién las hace?, ¿qué historias quedan fuera cuando miramos la ciudad de prisa? De eso va Los rótulos no deben morir, una muestra que logra colocar al arte popular y a la experiencia comunitaria en el centro del debate cultural. La idea es devolver a este espacio emblemático de la colonia Morelos su vocación: pensar el arte desde el barrio y hacia el mundo.
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Los rótulos no deben morir: cuando la ciudad se escribe a mano
Los rótulos no deben morir presenta el oficio del rotulista como lo que es: una forma de expresión artística. Pintura a pulso, tipografías inventadas, color diverso y kitsch: piezas contemporáneas conviven con fotografías históricas que documentan cómo el rótulo ha acompañado la vida cotidiana de la CDMX—de mercados y tienditas a calles de Tepito— durante décadas.
La exposición reúne a maestras y maestros del rótulo junto a nuevas generaciones que expanden el oficio hacia prendas, objetos utilitarios y soportes inesperados. El diálogo se completa con imágenes de autoras y autores fundamentales de la fotografía en México, en colaboración con acervos como la Fototeca Nacional del INAH y el Centro de la Imagen, subrayando que la gráfica urbana también construye memoria.
Un regreso que importa
En el contexto actual, la Galería José María Velasco resulta más necesaria que nunca. Funciona como un oasis para el arte urbano y barrial en una ciudad donde otros circuitos culturales privilegian el canon y la homogeneización estética. Con rótulos que se niegan a desaparecer —y que siguen transformándose—, la galería insiste en una idea clave: el arte no se impone, se construye con la gente y para la gente.
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