Fernando Bonilla La Oficina México
Foto: Cortesía
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Fernando Bonilla: “La Oficina México no busca agradar, busca incomodar”

Bonilla habla sobre adaptar The Office a la realidad laboral mexicana, la improvisación y el humor incómodo

Stivi de Tivi
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Desde que Prime Video reveló el primer adelanto de La Oficina, la versión mexicana del fenómeno creado por Ricky Gervais, la conversación se activó de inmediato. No por nostalgia, sino por una pregunta clave: ¿cómo adaptar una de las comedias más influyentes de la televisión a la realidad laboral mexicana sin perder filo ni identidad?

Aunque la serie aún no tiene fecha oficial de estreno en México y lo mostrado hasta ahora es apenas un vistazo, al frente del proyecto está Fernando Bonilla, quien interpreta a Jerónimo Ponce III: un jefe torpe, incompetente y protegido por el sistema, muy distinto a cualquier versión previa del personaje.

Time Out México platicó en exclusiva con Bonilla sobre el riesgo de aceptar el proyecto, la improvisación, el humor políticamente incorrecto y por qué La Oficina México no busca necesariamente agradar a todos, sino incomodar 

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Te vi en CCXP MX y en el upfront de Amazon Prime, y lo que me gustó mucho es que Jerónimo Ponce III no es Michael Scott. Y justo quisiera empezar por ahí.¿Desde el principio sabías que no iba a ser Michael Scott o fue algo que estuvieron buscando?

Desde el principio. Cuando me enteré de que se haría la versión mexicana tuve los mismos miedos que todo el mundo. Imaginé lo peor. De hecho, cuando me llegó el casting estuve a punto de no hacerlo. The Office británica es un referente muy fuerte para mí y no quería participar en algo que la traicionara, pero cuando vi el material entendí que buscaban algo distinto. El correo lo decía claramente: no querían copiar a ningún personaje existente. Eso cambió todo.

Hice el casting, luego callbacks, hablé con Marcos Bucay y con Gaz Alazraki, leí más escenas… y cada paso confirmaba lo mismo: esto no estaba traduciendo chistes ni replicando tramas. Era una versión propia. Cuando leí los guiones quedó claro que Jerónimo no se parecía a Michael Scott ni psicológica ni narrativamente. Además, me dieron espacio para nutrirlo y transformarlo todavía más.

¿Ese proceso incluyó mucha improvisación?

Muchísima. Me encanta improvisar y aquí fue clave. Al ser un falso documental, el set está siempre iluminado y eso permite hacer muchas tomas. Yo suelo llegar con varias opciones, pero aquí me pedían absolutamente todas. El personaje terminó de construirse en el set, en lo que pasaba en escena. Jerónimo se fue moldeando ahí, de forma muy orgánica.

¿Por qué sentías que The Office sí podía funcionar en México?

Porque las dinámicas laborales aquí son completamente distintas. Nuestro mundo godín, nuestras jerarquías, nuestras reglas informales… eso no existe igual en un corporativo gringo.

Además, la BBC fue muy clara: había tres coordenadas que respetar —falso documental, un jefe torpe y detestable, y un triángulo amoroso—. Todo lo demás tenía que ser nuevo. Y eso se nota.

Hay un elemento muy mexicano en Jerónimo: es incompetente, pero no lo pueden correr.

Exacto. Es el hijo del dueño. Eso cambia todo. Aquí el conflicto no se resuelve porque el sistema lo protege. Y eso es algo que todos hemos visto: el puesto que no puedes alcanzar porque ahí está el hijo, el primo, el recomendado. Ese detalle vuelve al personaje muy cercano… y muy incómodo.

La serie no es políticamente correcta. Es incómoda, provocadora.

¿Hubo miedo de cruzar ciertas líneas?

Hubo mucha conversación, sí. En los ensayos improvisamos cosas muy fuertes que pensé que jamás pasarían. Algunas terminaron en los guiones. En el piloto hay chistes que nunca imaginé que se aprobarían. Lo importante es que la serie no se ríe de lo que dice Jerónimo, sino de lo torpe que es al decirlo. El humor está en la reacción de los demás. Ese equilibrio fue delicado, pero es justo lo que hace que funcione y que se sienta real.

Para quienes están atacando la serie sin haberla visto, ¿qué les dirías?

Que yo pensaba igual. Yo también imaginé que iban a destrozar The Office y por eso casi no hago el casting. Pero no es eso. Estoy muy orgulloso del resultado. Además, vivimos en una época donde hay tanto contenido que es difícil sobresalir. Que hablen de nosotros, bien o mal, es positivo. Mucha gente llegará por curiosidad o por morbo… y confío en que se van a quedar.

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