Park Chan-wook por La Única Opción
Foto: Cortesía
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Hablamos con uno de los mejores directores del mundo: Park Chan-wook por La Única Opción

El director de Oldboy habla sobre humor negro, violencia y familia en su nueva película protagonizada por Lee Byung-hun

Stivi de Tivi
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Park Chan-wook es uno de los cineastas más influyentes del cine surcoreano contemporáneo. Desde Oldboy, la película que lo proyectó internacionalmente, su obra ha explorado con precisión quirúrgica la violencia, el deseo, la culpa y el humor negro. Con Decision to Leave ganó el premio a Mejor Director en Cannes y reveló un costado más melancólico y romántico.

Ahora estrena La única opción, una sátira social protagonizada por Lee Byung-hun —conocido también por su participación en Los juegos del calamar—, donde un hombre despedido tras décadas de lealtad descubre que el sistema ya no tiene lugar para él. Adaptando la novela de Donald Westlake, Park transforma la historia en una tragedia contemporánea sobre el orgullo, la masculinidad y la brutal lógica del mercado. Time Out México habló con el director sobre el tono del filme, la puesta en escena y la convivencia entre comedia y violencia.

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¿Cómo concibes el tono de La única opción, donde conviven humor negro y tragedia social?

Nunca pensé la comedia y la tragedia como dos cosas separadas que hubiera que equilibrar. Para mí son una sola entidad. Cuando sigues de verdad el viaje psicológico de Man-su y sientes empatía por él, entiendes por qué toma cada decisión. Sus esfuerzos son patéticos y por eso provocan risa, pero al mismo tiempo no puedes dejar de sentir compasión. La crítica social, el humor y la tristeza final nacen del mismo lugar.

Man-su comete actos extremos, pero el público no deja de entenderlo. ¿Era importante mantener esa cercanía emocional?

Sí. No quería que fuera visto como un villano lejano, sino como alguien muy cercano. Él se convence de que todo lo hace por su familia, y esa autojustificación es lo que lo vuelve verdaderamente peligroso. Cuando una persona cree que su causa es justa, es capaz de cruzar límites que nunca imaginó.

Eres famoso por tu planificación milimétrica. ¿Cómo preparas escenas tan complejas como la confrontación central?

Empiezo siempre con storyboard. Descompongo la escena plano por plano con el director de fotografía; luego el equipo de stunts la actúa, la filma y la edita. A partir de ahí ajustamos ritmo, movimientos y tensiones. Pero en el set los cuerpos no se mueven exactamente como uno los imagina, así que también hay que estar dispuesto a improvisar.

¿Qué aporta Lee Byung-hun a ese proceso tan controlado?

Él no siempre hace exactamente lo que estaba planeado, y eso es muy valioso. Muchas veces, en medio de bromas o conversaciones informales, surge una idea que termina siendo esencial para la escena. Esa libertad dentro de una estructura muy precisa es lo que mantiene viva la película.

Cambiaste el final de la novela original para que la familia descubra la verdad. ¿Por qué era fundamental?

Porque Man-su se dice a sí mismo que todo lo hace por ellos. Esa es su coartada moral. Pero esas acciones no pueden ocultarse para siempre. La destrucción de su alma es inevitable y, con ella, la destrucción de su familia. Quería que la historia tuviera un peso trágico, no una salida cínica.

El detalle del bonsái es muy simbólico. ¿Qué representa para ti?

Cuidar un bonsái es un acto bello, pero también violento: hay que cortar, doblar, forzar la forma. Así es su relación con su familia. Es amorosa y protectora, pero al mismo tiempo quiere moldearlos según su propia idea de cómo deben ser. Esa contradicción define todo su mundo interior.

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