Timothée Chalamet Marty Supreme
Foto: Cortesía
Foto: Cortesía

Timothée Chalamet y la obsesión por la grandeza en Marty Supreme

Chalamet habla sobre la ambición, la disciplina y el precio de querer ser el mejor en Marty Supreme, la cinta que ya lo hizo ganar el Golden Globe.

Stivi de Tivi
Publicidad

Timothée Chalamet atraviesa uno de los momentos más conscientes y ambiciosos de su carrera con Marty Supreme, la nueva película dirigida por Josh Safdie e inspirada en la historia real del legendario jugador de ping-pong Marty Reisman.

Lejos del romance o la épica, el actor encarna a un personaje movido por una obsesión feroz: ser el mejor, cueste lo que cueste. La cinta es en una de las más comentadas esta temporada de premios y ya le valió a Chalamet el Golden Globe a Mejor Actor en Comedia o Musical. En conversación con Time Out México, el actor reflexiona sobre la ambición, la vocación y la necesidad de proteger el impulso creativo en una industria tan ruidosa como volátil.

No te pierdas: La única opción: una crítica ácida al capitalismo y la deshumanización del trabajo

¿Sentiste que te parecías al personaje?

Sí, y lo digo sin ironía: esta es la versión más cercana a quien era antes de tener una carrera. Lo digo con cuidado, porque no es el personaje más admirable en todos los sentidos; está obsesionado con lograr sus objetivos. Pero lo que más me conectó con él fue esa determinación feroz, ese impulso por llegar a donde quería y no aceptar un “no” como respuesta. En esta industria hay muchísimo rechazo al principio y, en realidad, al inicio la única persona que cree en ti eres tú mismo. Eso es lo que más comparto con Marty.

También me enorgullece que Josh Safdie viera en mí algo que otros directores no habían visto y me permitiera ser una versión muy distinta a Little Women, Call Me by Your Name o Wonka. Este es un personaje más animal, más instintivo.

¿Cuál fue la parte más personal de tu interpretación?

Curiosamente, todas las escenas de ping-pong. Ronnie Bronstein, el guionista, dijo que el tenis de mesa es una gran metáfora visual porque es un deporte que parece ridículo: incluso la palabra “ping-pong” suena tonta. Pero para Marty es el sueño más grande del mundo. Y para mí eso conecta directamente con la actuación.

No quiero huir de esa idea: la persecución abierta de la grandeza. Con toda humildad, siento que yo también estoy en esa búsqueda. Este estilo de vida es tan extraño y demandante que no tiene sentido no querer ser el mejor. Por eso puedo hablar de este papel con total honestidad. Sería raro decir “quiero ser el mejor Laurie” en Little Women, pero en una película como esta, ese impulso encaja.

De hecho, mi discurso en los SAG del año pasado venía de ahí: había terminado esta película dos meses antes y todavía estaba en el estado mental del personaje, esa obsesión por llegar a la cima. Y creo que esa actitud, bien entendida, eleva a todos.

El personaje se enfrenta a muchas situaciones extremas al mismo tiempo. ¿Te has sentido igual, atrapado en un torbellino?

Me sentí así entre los 22 y los 26 años, cuando mi carrera realmente despegó. Fue como si me hubieran jalado el tapete. Por eso, aunque estoy muy orgulloso de mis primeras películas, hoy miro Marty Supreme y A Complete Unknown con un orgullo especial.

Con todo el ruido que hay ahora en mi vida, lograr una concentración así es algo que valoro muchísimo. Antes, cuando empiezas, nadie espera nada de ti. No hay distracciones. Incluso deseas que las haya.

Ahora entendí que el regalo de mi vida es poder trabajar como actor al más alto nivel. Veo a gente que vive con miedo, protegiendo demasiado su talento, y a otros que lo desperdician viviendo solo del placer inmediato. Yo no quiero ninguno de esos caminos. Quiero honrar el regalo original: trabajar y hacerlo lo mejor posible.

Mencionas distracciones, ¿cómo haces para desconectarte del ruido exterior?

Bloqueándolo. Literalmente. No es algo exclusivo de tener una carrera; todos lo viven con críticas, comentarios y opiniones. Simplemente tienes que dejar de mirar.

Cuando era adolescente, la cultura era aspiracional: la música, el cine, todo hablaba sin pudor de llegar a la cima. Hoy hay una desconfianza hacia la ambición, hacia las instituciones, hacia Hollywood. Todo el mundo está a la defensiva. Yo prefiero recordar al chico de 16 años que habría soñado con estar aquí que al de 29, con varias películas a sus espaldas.

A veces siento que vivo en una simulación, en un Truman Show positivo. Cuando trabajo, apago el teléfono. Para Marty Supreme tuve dos meses para ser Marty. Para Bob Dylan, dos meses para ser Dylan. Para Dune, dos meses para ser Paul Atreides. Nunca volveré a ser esos personajes. ¿Cómo no darlo todo? Ya descansaré después.

Estrena el 15 de enero en cines. 

Te puede interesar: Familia en renta: Hikari y la historia sobre la soledad, las familias elegidas y Japón

Recomendado
    Noticias más recientes
      Publicidad