Hamnet Paul Mescal Jessie Buckley
Foto: Agata Grzybowska | Jessie Buckley stars as Agnes and Paul Mescal as William Shakespeare in Hamnet
Foto: Agata Grzybowska

Hamnet: Paul Mescal y Jessie Buckley exploran el duelo y la intimidad de Shakespeare

Los protagonistas de la nueva película de Chloé Zhao hablan sobre la pérdida, el amor y la humanidad detrás de William Shakespeare

Stivi de Tivi
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Hamnet, la nueva película de Chloé Zhao basada en la celebrada novela de Maggie O’Farrell, se perfila como uno de los estrenos más conmovedores del año. Con una mirada íntima y profundamente humana, el filme aborda el duelo que marcó la vida de William Shakespeare a partir de la pérdida de su hijo. Al frente están Paul Mescal y Jessie Buckley, dos de los actores más destacados de su generación, cuyas interpretaciones han sido ampliamente reconocidas por la crítica y la temporada de premios.

Hablamos con Buckley (ganadora del Globo de Oro a Mejor Actriz) y Mescal sobre la pérdida, el amor que persiste en medio del dolor y la compleja intimidad de una familia que intenta seguir adelante.

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Paul, la película muestra a un Shakespeare que muchos podrían juzgar como un padre ausente, pero tú planteas que su silencio y su distancia vienen de un lugar más complejo. ¿Cómo entendiste esa ausencia?

Paul Mescal: La gente puede verlo como un padre ausente, y entiendo por qué, pero para mí no es verdad. Will no huye para escapar de sus sentimientos; se va porque no tiene un lugar para llorar. Agnes vive su dolor hacia afuera, su madre no sabe cómo hablarle, su padre no puede acercarse… él queda atrapado en su propia cabeza. Esa ausencia es brutal, pero es necesaria: irse a Londres es la única forma en la que puede procesar la muerte de su hijo. Y creo que eso habla de cuán increíblemente difícil es que una pareja sobreviva a la muerte de un niño. Este filme entiende que a veces dos personas no pueden romperse al mismo tiempo; si lo hacen, no queda nada.

Jessie, tu interpretación de Agnes es extremadamente íntima. ¿Qué te pidió Chloé Zhao y qué buscaste tú al construirla?

Jessie Buckley: Entré al personaje simplemente abriendo el libro, caminando por sus pequeños caminos y recogiendo lo que me resonaba. Lo más importante era estar presentes, ser vistos, ser valientes. Chloé nos pidió eso: estar totalmente vivos dentro de la familia, del amor y de la pérdida que atraviesan la historia. Fue una experiencia profundamente especial.

Los dos transmiten una conexión muy profunda en pantalla. ¿Cómo construyeron esa química desde el inicio?

Jessie Buckley: Nuestra preparación empezó bailando ABBA a la 1 a.m. en el East Village. Después hicimos un workshop de dos semanas donde trabajamos tantra, sueños y vulnerabilidad. Paul tiene un corazón gigante y una enorme capacidad para sostener espacio y llenarlo con verdad. Desde la primera lectura hubo una chispa instantánea: mente, cuerpo, confianza. Sentimos que todo era posible entre nosotros. Sé que será una presencia significativa en mi vida y que seremos compañeros de viaje en nuevos capítulos.

Paul Mescal: Desde el primer día sentí que Jessie y yo operábamos desde el mismo lugar emocional. Ambos estábamos dispuestos a entrar a lo más doloroso sin juzgarlo. Y cuando encuentras a alguien que respira contigo a ese nivel, el trabajo se vuelve más grande que tú.

Jessie, hay momentos de enorme intensidad emocional en la película. ¿Cómo llegaste a ese nivel sin perder la naturalidad?

Jessie Buckley: No quería planear nada. Habíamos estado filmando en orden y ya éramos realmente una familia; había un vínculo muy profundo. Para mí, el trabajo es intentar no actuar, sino simplemente ser. Y cuando llegamos a esas escenas de tanta carga emocional, el contenedor ya estaba lleno. Chloé creó un espacio seguro, casi ritual, y todos fuimos juntos a ese lugar. Al final, lo único que queda es soltar.

Paul, después de habitar a Shakespeare desde dentro, ¿qué revelación te dejó este personaje?

Paul Mescal: El descubrimiento más grande fue darme cuenta de que el genio de Shakespeare no está en su técnica, sino en su humanidad. Sí, sus palabras son hermosas, pero incluso si hubiese usado la mitad, sus obras seguirían transmitiendo una emoción inmensa. Lo que él hace es tomar un dolor insoportable y transformarlo en algo que nos sigue sosteniendo siglos después. Haber interpretado ese proceso me hizo entender que no podemos dar por sentado su humanidad. Su arte nace del duelo más profundo y nos lo entrega con una generosidad inmensa. Eso cambió completamente la manera en la que lo veo.

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