Kate Winslet debuta como directora con Adiós, June
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Kate Winslet debuta como directora con Adiós, June: una mirada íntima sobre la familia

La actriz ganadora del Óscar habla de su salto detrás de la cámara, el trabajo con niños y la intimidad emocional

Stivi de Tivi
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Kate Winslet ha construido una carrera marcada por la valentía creativa y la honestidad emocional. Desde sus primeros papeles hasta convertirse en una de las actrices más respetadas de su generación, ha elegido personajes complejos y profundamente humanos. Ganadora del Óscar, múltiples BAFTA, Globos de Oro y un Emmy, su filmografía —de Titanic a Eternal Sunshine of the Spotless Mind, de The Reader a Mare of Easttown— confirma una trayectoria guiada por el riesgo y la coherencia artística.

Hoy, más de tres décadas después de su debut, Winslet da un paso decisivo detrás de la cámara con Adiós, June, su primera película como directora. Se trata de un drama familiar íntimo, escrito por su hijo Joe Anders, que retrata a una familia obligada a reunirse cuando la madre atraviesa sus últimos días. Más que una historia sobre la muerte, la película observa lo que sucede cuando el tiempo se acaba: los silencios, las heridas abiertas, la distancia emocional y la posibilidad de reconectar.

Time Out México platicó con Winslet sobre su debut como directora, proyecto en el que también actúa y produce, y que se estrena el 24 de diciembre en Netflix.

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Tienes una carrera enorme como actriz. ¿Por qué decidir dirigir ahora y por qué elegir esta historia como tu debut detrás de la cámara?

Es curioso, porque siento que muchos de los personajes que he interpretado a lo largo de mi vida me encontraron a mí, y no al revés. Con Adiós, June pasó algo muy similar. Había pensado en dirigir antes, pero nunca me había permitido ir realmente hacia ese lugar; creo que me intimidaba. Es un trabajo completamente distinto: técnico, emocional y con una responsabilidad enorme. Cuando el guion, escrito por mi hijo, terminó su proceso de desarrollo y se volvió una película posible, me di cuenta de que estaba demasiado cerca de la historia como para soltarla. No quería entregársela a otro director, porque entonces se convertiría en su película. Yo quería que siguiera siendo nuestra. Y solo di ese paso porque me sentía lista, de verdad. Como directora no puedes esconderte: tienes que estar al frente, sosteniendo a todos con claridad, energía y compromiso.

Como directora debutante, ¿qué descubriste sobre ti misma al trabajar con el elenco, especialmente con los niños?

Lo que más descubrí fue que dirigir no es tan distinto de crear una familia. En mi vida personal, mantener a las personas conectadas y cuidadas es lo más importante, y en un set sucede exactamente lo mismo. Con Adiós, June sabía que, teniendo siete niños, sería absurdo pedirles que “actuaran” de forma tradicional o que memorizaran diálogos. Lo que sí podían hacer era ser versiones de sí mismos dentro de los personajes. Así que creé un ambiente donde se sintieran seguros, escuchados y en juego constante. Durante todo el rodaje solo se llamaban por los nombres de sus personajes; eso hizo que cualquier momento espontáneo fuera auténtico y usable para la película. Dirigir fue llevar mi experiencia como madre al set: proteger la alegría, fomentar la confianza y permitir que la verdad emocional apareciera sin forzarla.

Después de observar a tantos directores a lo largo de tu carrera, ¿cuál fue el mayor reto al estar tú detrás de la cámara?

El mayor desafío fue estar completamente presente para cada persona en el set, todo el tiempo. Escuchar a los actores, al equipo técnico, responder preguntas, anticipar necesidades. Mi experiencia como actriz me ayudó mucho, porque siempre he sido muy consciente de lo que cada persona necesita dentro de una escena, pero como directora esa responsabilidad se multiplica. Curiosamente, nunca me sentí abrumada creativamente. Lo único verdaderamente angustiante era el tiempo: solo teníamos 35 días de rodaje y actores clave disponibles durante periodos muy limitados. Por eso la preparación fue fundamental. Planeé con mucha anticipación las escenas esenciales, las bloqueé técnicamente antes de rodar y llegué al set con decisiones claras. Dirigir, para mí, fue un ejercicio de escucha profunda, organización absoluta y confianza total en el equipo.

Se dice que toda película guarda un momento de revelación, algo del director que no sabía que tenía. En Adiós, June, ¿cuál fue ese momento que te definió silenciosamente como la cineasta que eres hoy?

No sé si hubo un solo momento que me definiera, pero sí fui profundamente consciente de algo: la importancia de dejar que los actores respiren y simplemente sean. Recuerdo trabajar con Stephen Frears y que, en medio del caos del set, él siempre decía: “Los actores entrarán y nos lo mostrarán”. Esa idea se quedó conmigo. No importa cuánto tengas planeada una escena, siempre hay que estar abierta a lo que los actores traen al espacio, porque muchas veces su intuición transforma la escena para mejor. En Adiós, June, la intimidad y el silencio eran esenciales. Por eso decidí no ser “ingeniosa” con la cámara, sino mantenerme a distancia al inicio, observar a esta familia emocionalmente fragmentada y permitir que el espacio físico revelara la distancia entre ellos. Solo cuando llega el momento adecuado nos acercamos, cuando el público ya está listo. Y esa fue la parte más difícil: confiar en que, incluso desde lejos, el lenguaje corporal y la presencia de estos actores brillantes contenían toda la emoción necesaria.

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