Cabello/Carceller. Borrador para una exposición sin título (Cap. III)

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No Es Él
Foto: Cortesía Cultura UNAM

Time Out dice

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Exposición sobre teoría feminista, queer y decolonial

Por la mañana, llego con uno de mis mejores amigos de la universidad al MUAC; nos debíamos una visita al museo y había tantas cosas emocionantes que compartir que no pude evitar sugerir ver la exposición Cabello/Carceller. Borrador para una exposición sin título (Cap. III)porque sabía que nos dejaría pensando y reflexionando: ¿Qué hace a una mujer una mujer? y ¿qué hace a un hombre un hombre? 

La muestra de Cabello/Carceller se presentó en el pabellón español de la última edición de la Bienal de Venecia y toma como punto de partida el juicio que se realizó en contra de Elena/Eleno de Céspedes; una mujer mulata y esclava que vivió en la España del siglo XVI, donde se casó y tuvo un hijo antes de desaparecer, para reaparecer varios años más tarde como Eleno de Céspedes, cirujano de la corte y casado con una mujer. Por supuesto, la Santa Inquisición le juzgó por hermafrodita; por haber pretendido ser un hombre. Su castigo a pagar se puede leer desde muchos lugares: le impidieron volver a nombrarse como hombre, ejercer como médico-cirujano, se anuló su matrimonio y se le regresó a su rango de esclava. 

La opresión interseccional que se aplicó contra Elena/Eleno de Céspedes es la base de la crítica que Cabello/Carceller hacen a lo largo de su obra: ¿Las personas sólo pueden ser hombres o mujeres? ¿y si alguien quiere ser ambos?, ¿y si alguien no quiere ser ninguno? El cuestionamiento y destrucción de los binarismos de género remiten a Judith Butler, una de las teóricas más importantes del feminismo y una de las primeras en cuestionar el binarismo hombre-mujer no sólo a nivel género, inclusive desde el sexo. Butler es pionera en la teoría queer, que rechaza el absolutismo del sexo, género y orientación sexual; en tanto las divisiones que se dan dentro de estas tres categorías son consecuencia de la heteronormatividad hegemónica.  

Fragmentos de la obra de Butler se exponen, acompañados por otros autores: Foucault, Sontag y Mbembe, todos recuerdos de mis semestres universitarios, y todos autores que remiten al ejercicio del poder sobre los cuerpos, sus imágenes y concepciones. La obra de Helena Cabello y Ana Carceller hace una crítica a los modelos de producción social, critican la opresión y negación de la diversidad sexual y dan voz a las minorías, a los cuerpos oprimidos y las sexualidades ocultas: incorporan en su obra la voz de actores que se apropian de sus propias narrativas y nos recuerdan que la diversidad sexual ha estado presente desde siempre, aunque el espacio-tiempo les ha limitado o permitido estar presentes en la vida pública. 

22 piezas (entre instalaciones, fotografías y proyecciones) componen esta muestra, llena de símbolos, experiencias individuales, reapropiaciones y representaciones. Ya sea a través de la resignificación de insultos, de acciones que nos ayudan a sensibilizarnos o al tomar actores de la historia o de la cultura pop, se trata de una revisión sobre quiénes te (nos) inspiran a ser uno mismo, o mejores versiones posibles. 

“A través del arte podemos cambiar las cosas, incluso en un museo”, dicen una de las piezas de esta muestra que habitará las salas del MUAC hasta el 26 de mayo. La construcción de la imagen, a través de la performatividad del género, no es sino un ejemplo de dichas palabras: dejas ver lo que quieres que vean en ti, envías el mensaje que intentas hacer llegar a tus observadores. 

Por eso, Cabello/Carceller dan voz a las minorías sin plataformas, rechazan los cánones de comportamiento y proponen distintas formas de vivir los cuerpos, a través de las experiencias de personas que se han atrevido a pensar el mundo de forma distinta. Si el arte no es crítico, no es subversivo y no retrata realidades existentes ni plantea futuros posibles, entonces; ¿qué hace 

Cierro los ojos y me imagino que, en el fondo, lo que Céspedes quería era apropiarse de su imagen: tomar el control de su persona, de su identidad y su historia y no dejar que las condiciones de su nacimiento determinaran el resto de su vida. No ser encasillada.  

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Por Samantha García

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