Still de Samantha Flores en La felicidad en la que vivo
Foto: Cortesía de la producción

Carlos Morales retrató la vida de Samantha Flores en un cortometraje

La felicidad en la que vivo es la nueva película sobre la activista trans

Por Alberto Cervantes
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Samantha Flores es ya de por sí una metáfora de la vida, pues en una Latinoamérica, donde la esperanza de vida de una mujer trans es de 35 años, ella, a sus 87 años de edad, permanece con brío y una singular alegría como una de las figuras más longevas de la comunidad trans en México.

Esto, y permanecer activa con la primera casa hogar para adultos mayores de la comunidad LGBTTTI +, Vida Alegre (fundación Laetus Vitae), inspiró al joven cineasta Carlos Morales a realizar el cortometraje documental La felicidad en la que vivo, luego de Sinfonía de un mar triste —su último trabajo galardonado en el Ariel de 2019—.

Platicamos con el también productor y guionista mexicano sobre su acercamiento con la activista y de qué va esta película que se suma a la construcción de una memoria trans en México y Latinoamérica.

1. ¿Cómo descubriste a Samantha Flores y cómo ha sido la experiecia de trabajar con ella de cerca?
Encontré una nota informativa que hablaba de su sueño para construir un albergue para las personas de la tercera edad y me cautivó muchísimo, vi un par de retratos de ella y me fascinó.

Profesionalmente, el documental me ha dejado muchísimos aprendizajes, lo he disfrutado muchísimo, pero es mayor en el terreno personal porque me he ganado una amiga que me he permitido aprender de toda su experiencia y llevarla a mi vida. Es una persona que valoro muchísimo y hoy forma parte de mi círculo de amistades.

Foto: Cortesía de la producción

2. ¿Qué es lo que más te sorprendió de sus recuerdos y de su actual vida diaria?
Me ha sorprendido su resiliencia. Con la edad que tiene, ella presume haber vivido muchas situaciones importantes por décadas, sobre todo en cuanto a la lucha por la comunidad LGBTTTI. Además, coincido con que hay que visibilizar al adulto mayor y buscar nuevas formas de integrarlos y tenerlos activos en nuestra sociedad y creo que su vitalidad es la que me sorprende, sus anhelos y sueños que no se extinguen con la edad.

3. ¿De qué manera dirías que tu película contribuye al registro de la memoria trans en México?
El registro de los relatos y la experiencia de Sam se puede convertir en un documento que retrate la vida de una mujer de 87 años que está buscando visibilizar el sector de los adultos mayores de la población LGBTTTI. Esa es su contribución, pero hay algo que Samantha logra per se con el documental: se vuelve una esperanza para otras mujeres trans. Si entendemos que el periodo de vida de una mujer trans es de 35 años, ver a una mujer con la vitalidad con la que vive ella, con la armonía en su vida y con la felicidad que refleja, se vuelve una experiencia y un registro sumanete importante.

4. ¿Con Sinfonía de un mar triste abordaste la violencia en jóvenes vulnerables, ahora, ¿con La felicidad en la que vivo qué buscas lograr, en términos sociales?
Me gustaría que La felicidad en la que vivo evoque la reflexión del espectador e inicie la orginzación y el debate de temas que busquen la garantía del adulto mayor. Somos una generación que en un par, tres o cuatro décadas seremos adultos mayores y creo que debemos preocuparnos en qué condiciones vamos a llegar.

Me gustaría que también sensibilizara para hicernos más empáticos con nuestros viejos, que al terminar de verlo tengas ganas de marcarle a tu abuelo, a tus papás, de voltear a ver al tío gay, a la tía lesbiana, al abuelo trans y que nos permita entender que son parte de la sociedad y tenemos que tenerlos activos y buscar su bienestar.

Foto: Cortesía de la producción

5. El título y el trailer nos dejan ver que se trata de algo alegre, lleno de vida, sin embargo; la comunidad trans es una de las más vulnerables y desdeñadas, ¿cómo lograste equilibrar ambas cosas?

Hay un equilibrio porque se asoma a las experiencias y el pasado de Samantha; en un relato muy conmovedor podemos conocer momentos complicados, momentos muy íntimos con la relación de sus padres que ha sido muy amorosa y sus sueños como el albergue (Vida Alegre).

En 11 minutos Sam nos hace un recorrido por las partes más importantes de su memoria y logramos equlibrar cosas que no fueron tan agradables, y otras que son superiores como la vida misma; la forma en que ella percibe la vida y se relaciona con la música clásica, sus visitas a Bellas Artes. Es decir, de manera natural y orgánica ella misma fue dándonos y dictándonos la forma de ir contanto los clarososcuros y las partes muy iluminadas sobre su vida.

6. Cuéntame sobre las locaciones
Samantha dice que los homosexuales, el adulto mayor gay, vuelve al closet cuando llega la tercera edad para ser aceptado nuevamente. Quisimos buscar una metáforo visual de ese gran clóset, por lo tanto decidimos solo interiores, ocurre en la intimidad de su casa y en Bellas Artes que, a decir de ella misma, es su segunda casa, donde ha encontrado un lugar de esparcimiento y regocigo de su espíritu. Aunque ella no está en ese clóset, las paredes se vuelven ese gran clóset, por ahí se asoma un colibrí que se vuelve una metáfora de la libertad que tanto anhela que deben tener los adultos mayores de la comunidad LGBTTTI +.

La felicidad en la que vivo. Estreno 4 de mayo. Ambulante.

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